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Mostrando entradas de febrero, 2012

Para mi fue así.

Nada de Adan y Eva. La verdad es esta:


- Bueno mira, tu eres el Caos, ya bastante difícil la tengo con que te quedes quieto mientras te hablo, así que la voy a hacer corta.
- Ya es bastante larga.
- Escucha, tenemos que hacer algo. Algo juntos, un proyecto.
- Imposible. Tu eres muy estructurado, a mi me gusta trabajar espontáneamente, con sentido, pero con libertad. A ti esa no te va.
- Un poco de libertad me gusta.
- No, contigo es todo en su santo lugar en su santo tiempo.
- Y bueno contigo nada se termina.
- Ves, aquí ya pinta una pelea, me gusta, pero no podemos trabajar juntos.
- Un proyecto, uno más, para probar.
- Tu quieres meter la cuchara en todo, déjame tranquilo, tu lo que quieres es decir que hasta conmigo te metiste, el gran Dios tiene que trabajar con todos.
- Mira, no te miento, es así, todavía no trabaje con el gran Caos, dame una chance. Un proyecto chico, dame el gusto, a ti también te sirve decir que trabajaste conmigo.
- No sé. Que querías hacer.
- As…

Mario Levrero.

22 de Diciembre de 1989.

Aquello que hay en mí, que no soy yo, y que busco.
Aquello que hay en mí, y que a veces pienso que
También soy yo, y no encuentro.
Aquello que aparece porque sí, brilla un instante y luego
se va por años
y años.
Aquello que yo también olvido.
Aquello
próximo al amor, que no es exactamente amor;
que podría confundirse con la libertad,
con la verdad
con la absoluta identidad del ser
-y que no puede, sin embargo, ser contenido en palabras
pensado en conceptos
no puede ser siquiera recordado como es.

Es lo que es, y no es mío, y a veces está en mío
(muy pocas veces); y cuando está,
se acuerda de sí mismo
lo recuerdo y lo pienso y lo conozco.
Es inútil buscarlo, cuanto más se lo busca
más remoto parece, más se esconde.
Es preciso olvidarlo por completo,
llegar casi al suicidio
(porque sin ello la ida no vale)
(porque los que no conocieron aquello creen que la vida no vale)
(por eso el mundo rechina cuando gira)
Éste es mi mal, y mi razón de ser.

El portador de la luz.

Un ser dichoso y eterno no sufre males o los lleva a otros seres; de ahí que esté libre de movimientos de cólera y simpatía, porque cada movimiento de esa clase implica una debilidad.

Diogenes Laercio.