Qué puedo decir sobre el Jazz.

Qué puedo decir sobre el Jazz? muy poco. Puedo decir que mi primer recuerdo es estar en la alfombra marrón del estudio de mi padre, todo el mundo seguro y gigantesco, y saber que él estaba escuchando jazz, no sé a quién, pero sé que eso era, tal ves él me lo dijo, por detrás, eso es Jazz. No puedo recordar la melodía o algún instrumento en particular, pero sé que eso era. Jazz. Después a eso de los quince, tras una suscripción a Time-Life, empecé a recibir unos cds con compilados, lo mejor del Jazz, te daban primero un Cd de los “maestros”, después los “clásicos” y ahí arrancaban década por década de los cuarenta a los ochenta, me parece, yo me quedé en los sesenta, ya va, antes, con eso de siete u ocho, iba en el auto, también con mi padre y le dije que quería tocar un instrumento y le pregunté que qué le gustaba más saxo o trompeta, no recuerdo su respuesta, estuve en clases de violín por un tiempo, pobre mi madre, cómo le debe haber costado comprar ese violín, después nada pasó, ahora si en los quince, consigo estos cds de compilados, y empezó lo que era sin duda un embelesamiento, un saber sin haber conocido, así, enamorado sin saber su nombre o su apellido, nada. Así por diez años, escuchando borracho, desordenado, comprando un discos esporádicamente, siempre volviendo a mis hits y a dos o tres particulares, hasta que bueno a los veinticinco llegó el saxo, un soprano, la pantera rosa, dos o tres escalas pedorras y nada más por un año, y un día después de muchas mudanzas, muchas novias, muchos trabajos y con veintiocho, llego el tenor. En eso estoy con 28 y mi saxo tenor, va un año solido y firme con mi tenor, todas las escalas, varias canciones, una negra respetable y dos o tres notas de improvisación que rayan en lo aceptable, y sobre todo un gusto, un amor y una pasión que solo se comparan a la felicidad embriagadora de sentirse pleno. Mañana por primera vez, me animo a tocar en un bar. Esto no es más que el tiempo que tendría que ser sueño. No puedo dormir. Mi amigo Juan vino a tocar conmigo, está dormido como una piedra, el guitarra, yo saxo. Voy por un trago. Creo que entender una partitura fue el momento de mayor claridad en mi vida. No es como entender un idioma, es entender él idioma, son sonidos con tiempo, gran limitación esa de los idiomas, el tiempo, como se enriquecería la lectura si se pudiera agregar tiempo a una frase. Glorioso ese momento, eso era do, ese punto en ese lugar, era do por esa cantidad de tiempo, es muy especial una partitura. Todavía me sorprendo cuando veo las hojas desperdigadas por los escritorios y me encuentro entendiendo todos esos puntitos y esas líneas, es maravilloso. Escritorios, tengo tres, los tres son un completo desastre, botellas vacías, teclados, libros, todo está muy limpio, pero es un desastre. Mi trabajo me llama a la referencia constante, y como me gusta tener todo a mano, se mezcla. Así que las partituras están por ahí y cuando voy a practicar tengo que ir recogiéndolas, eso pasa más o menos unas tres o cuatro veces por semana, a veces todos los días, obviamente cuanto más mejor. Más allá del talento, si no practicas no eres nadie. No nadie, de ser conocido, nadie de nada, de que no eres absolutamente nada. Este trago pasa como nada. Me imagino que la primera vez que tocas en público, por muy chico que sea el lugar, siempre significa algo. Me alegra que Juan allá venido a tocar conmigo, en seis años ni una vez pude hacer que me viniera a visitar, solo, con novia, con esposa, solo de nuevo, nunca, cuando le dije que era para que tocáramos en un lugar chico, dónde por supuesto no nos pagaban y donde seguro nadie nos iba a escuchar, no dudo en venir. Tranquilo, como si nada, nos fumamos uno y después de reírnos un rato se paró y a dormir, bueno veníamos fumando todo el día, así que seguro se durmió por ese ultimo, yo estoy como nuevo. Tocar en este lugar se dio como nada, estaba hablando con Gustavo, el dueño del lugar, no llega a ser amigo pero es buen conocido, y cuando le dije que tocaba me ofreció el lugar como nada. El lugar es mediano, sucio como pocos y con la peor comida de la zona, pero la gente va, y no es caro, y algo tiene, que no sé que es. El lugar está decorado con las pinturas del viejo David, un gringo que vive acá por economía, pintor, artista al cien por cien, una vez le compré un cuadro, un paisaje, a nadie le gusta, a mi me encanta. Bueno entonces estaba charlando con Gustavo y le digo que estoy aprendiendo a tocar el saxo, y me dice que si me animo me presta el lugar, al principio le dije que no, pero de apoco la idea fue creciendo en mi, hasta que me ganó, tampoco fue tan poco, habrá sido un mes desde que me dijo, pero yo sabia que no lo podía, y acá nadie a querido juntarse a tocar conmigo, no sé porqué creo que por desconfiados, esto no deja de ser un lugar chico, y yo un tipo extraño para ellos. Así que le dije a Juan y el me dijo que si, que si podía venia y tocábamos juntos, y así sin más, empezamos a tocar juntos por internet, nos aprendíamos algo, el su parte yo la mía, y después nos juntábamos a tocar on line, al principio fue difícil lidiar con el sonido, pero nos compramos buenos micrófonos y ya no fue más problema, así otro mes más hasta que me dijo, voy para allá creo que ya podemos tocar. Llegó hace tres días, la verdad que suena lindo, hemos practicado mucho estos tres días, practicábamos toda la mañana y hasta después de la siesta, como hasta las seis, de ahí en adelante fumábamos y tomábamos vodka, han sido buenos días. Voy a buscar otro trago. Cuando conocí a Juan el tocaba la guitarra y yo no tocaba nada. Caminábamos por la ciudad a la salida del curso, comíamos mucho y muy bien, tomábamos cerveza y charlábamos con muchas chicas, nunca pudimos levantar nada estando juntos, por separado nos iba muy bien, nunca nos faltó, pero juntos éramos un desastre. Al principio no conocíamos la marihuana, sólo tomábamos y caminábamos, caminábamos mucho. Me gustaría recordar por lo menos la mitad de esas charlas, pero no puedo, la verdad es que recuerdo muy poco, casi nada, tal vez por eso no puedo decir mucho sobre el jazz, creo que hay que tener muy buena memoria para el jazz, recuerdo una vez, que estábamos yendo a tomar el subte y creo que planeábamos una revista , y el me dijo, y después qué, como después, pregunte yo, y el contestó, claro después de hacer la revista y después de venderla y de que algunas personas nos conozcan y de que generemos algo después de eso qué, yo a modo de broma contesté, y bueno conquistar el mundo, y el me dijo muy serio, sí? Para qué?, eso lo recuerdo, esa tarde la recuerdo, hacia calor, el se iba al trabajo, yo a mi casa. Esa noche no hice nada, subí a la terraza, le di varias vueltas, ojee libros ya leídos, y me dormí temprano. Después con Juan intentamos hacer muchas cosas, una que otra salió bien, pero nada progresó, los dos parecíamos avanzar en la misma dirección pero en autos separados. Veremos que pasa después de mañana. Mi novia se levantó y me vino a preguntar que por qué no dormía, le dije que estaba nervioso, no lo puede creer, ella como toda mujer enamorada, cree que toco muy bien, me cuesta creer en su juicio, está demasiado comprometido. Desde hace un par de semanas tengo un sueño recurrente, y es que voy a hacer audiciones para diferentes bandas, voy, armo mi saxofón y después de probar el sonido empiezo a tocar, cuando termino, los integrantes de la banda , no se ríen no se burlan, simplemente me ven con lastima, no indiferencia, lastima, pooobre dicen sus caras. Ese sueño tengo. Una de las razones, de tener ese sueño, me parece que es la poca información que tengo de los otros, no soy de compartir mucho, a parte de mi profesor, mi novia y algún vecino que preste mucha atención al sonido que se filtra por mis muros insonorizados, nadie me ha escuchado tocar en un año. Lo mismo pasa con mi trabajo, hasta que no está terminado nadie lo ve, y la verdad poco escucho después. Esto puede que raye peligrosamente en la inseguridad. Y la verdad que así es. Me siento un gordo inútil sin talento que le gusta pensar que puede sacar un sonido coherente de una de las piezas más bellas que existe. En realidad no soy tan gordo, solo que así me siento. Tan tonto como suena, es reconfortante saber que los saxofonistas son panzones. Mi novia volvió a la cama, antes de irse me preguntó si me podía molestar, le dije que no, se molestó con migo, le pregunté que por qué se ponía de mal humor y me dijo que necesitaba un favor que como era tan egoísta como para decir que no, le dije que no sabia que necesitaba algo, ella no dijo eso, ella me preguntó si me podía interrumpir, si me hubiera dicho que necesitaba algo, o directamente me hubiera dicho lo que necesitaba yo lo hacia, pero pensé que tenia una opción, no la tenía, tonto de mi pensar que tenía una opción. Juan sigue inmutable. La primera vez que tocamos fue bastante incomodo, el vivía en un departamento muy pequeño y tenia miedo de que los vecinos se quejaran, y a los diez minutos así fue, nos quedamos los dos con ganas, nada pudimos hacer. La segunda nos juntamos en casa de mis viejos, otro desastre, para cuando se nos ocurrió que podíamos tocar ya estábamos destrozados. La tercer fue perfecta, el vivía en un departamento más grande que tenia una habitación interna, yo ya tenia mi tenor y el venia tocando bastante, empezamos tranquilos, nos pusimos eufóricos y terminamos satisfechos, como debe ser. Cómo podría describir el sonido, es imposible para mí, no sé hacerlo y realmente dudo que alguien pueda hacerlo, igual voy a decir esto, al principio era como soltar un jarro de bolitas de vidrio una por una, muy suavemente sobre un cartón, mientras alguien frota una moneda sobre una tela de jean estirada, después fue como que alguien trotara con zapatos de madera sobre una chapa mientras otra pasa un palo de madera por el costado de cinco botellas de vidrio una al lado de la otra de manera frenética, y el final como escuchar a un hombre nadando en una pileta cubierta, algo así. Es difícil describir la música por que las palabras son poesía y la música es matemática. En la música todo es matemática, es una cantidad de cosas que entran en una cantidad de tiempo, según administres esas cosas es tu estilo de música, el Jazz, no es diferente, hay una matemática para el Jazz, hay una matemática que no es la cosa, ya que está el swing, que no es el sentimiento, el sentimiento, está antes o después, creo que durante estorba, pero con la matemática está el swing que es un no sé qué, que cierra toda la cuestión. Si tienes que explicarlo, nunca lo vas a entender, así dijo uno de los grandes del Jazz, no recuerdo bien quien, y no creo que importe. Algo de sueño tengo, una modorra, una especie de cansancio, de falta de energía. Me gustaría practicar un poco pero esta falta de energía no me lo permite. La energía no es exclusiva del jazz, es exclusiva de la música, no se puede hacer música sin energía, creo firmemente que tocar cualquier instrumento requiere cantidades absurdas, por monumentales, de energía. Es verdad también que los instrumentos de la dan de vuelta, así que más bien es como una central que reproduce más de lo que consume. Es algo y no sé qué. Si pudiera decirlo con la firmeza con la que me da hambre y digo quiero pasta, pero no es así, te da hambre y quieres pasta. Pero no es eso lo que dices o lo que te pasa por la cabeza, es como un malestar, que se satisface con una acción. Algo puedo decir del jazz y es que es incertidumbre. Otros estilos cuentan una historia, nos muestran un momento. El jazz es el combustible de esos momentos, lo está tras bambalinas, si otros estilos son reloj, el jazz es engranajes. Una vez fui con una novia que tenía a un bar dónde tocaban el mejor jazz de la ciudad, siendo ciudad grande, el nivel era excelente. Mi novia era hermosa y voluptuosa, se llevaba todas las miradas, y a mi realmente me costaba relajarme, su presencia era abrumadora, entre las miradas que atraía y su lengua que no paraba, no había espacio para mi, pero una vez que los muchachos empezaron a golpear los instrumentos, a estirar cuerdas, a soplar metales, desapareció, nos habíamos movido a un mundo de mecánica que ella no comprendía. Ella era bella en un mundo paralelo, y lo que estaba pasando era transversal Obviamente peleamos esa noche, después hubo sexo de reconciliación y más nunca un bar de Jazz juntos. Y ahí entendí una cosa tristísima y muy real, y es que el Jazz no es para todo el mundo, lo cual me lleva a otro recuerdo. Noche de verano. Había un concierto de entrada gratuita en el mejor teatro de esta pequeña ciudad en la que vivo ahora, no recuerdo el motivo del acontecimiento, fui porque en una de las banas que tocaba cantaba una mujer que en teoría me iba a ayudar con mi trabajo, así que fui para poderle hablar de algo. Cuando llegue al teatro me sorprendió la noticia de que la segunda banda era de jazz, la primera con la mujer en cuestión tocaban fados. Los fados fueron un éxito, el teatro se vino abajo, pedían otra tras otra hasta que, según los integrantes, literalmente no tenían nada para tocar, a mí me gustó, me entretuvo, pero no le encontré el fanatismo. Cuando fue el turno de la segunda banda el teatro se vació a la mitad, siempre buena señal en esta ciudad. Salieron los músicos, y yo casi no me la creo, todos reconocidos maestros en su arte, en especial el de la batería que es directamente un joven maravilla, lo que paso a continuación fue sublime. No pienso ni siquiera arrimar un dejo de explicación. Sublime. A medida que tocaban el teatro se iba vaciando, al final solo un puñado quedamos, todos extasiados. Primero y única vez que he comprado un CD en un espectáculo. Falta todavía un rato largo para que amanezca. Me puedo dormir una buena siesta antes de ir a tocar. Sigo muy nervioso. Creo que en parte es porque muy pocas veces he visto toques malos, es más nunca vi nada malo, he visto cosas mediocres o simples, pero nunca nadie que fuera malo, que no tocara claro, he visto personas con poca imaginación, aburridas, simples, pero nunca nadie que tocara mal. A la persona que más he visto tocar, obviamente, es a mi profesor. No solo en las clases, que es donde le he visto hacer las cosas que más me gustan si no también en recitales. Tiene varios grupos, la mayoría francamente aburridos, me parece que son más un ejercicio para trabajar con sus alumnos y poder dirigir que verdaderas expresiones musicales, pero hay un par que son fantásticos, en especial el ultimo que armó, la razón muy sencilla y es la misma por la cual los otros son mediocres, los músicos con los que se rodea. Hay en el jazz mucho de química, química en serio, conexión en su más alto nivel, fusión. Los jazzistas son los químicos de la música. Son los científicos locos que se estudian la tabla periódica completa y juegan en el laboratorio a hacer líquidos de colores brillantes. Para tocar buen jazz te tienes que saber todo. Todo de todo. Todas las escalas todas las pentatónicas, todas las combinaciones. Todo. Si las personas que tocan contigo, también se saben todo, te luces, si no, te quedas corto. Eso me parece es una regla general para todo. Hacer reír a los cómicos, esa es la meta. Creo que entre esta descarga y la ansiedad, he tomado un poco más de la cuenta. Difícil saberlo. Nunca sé cuando estoy borracho. Sé que todavía no tengo sueño. Todavía sigue todo oscuro, nada de amanecer. No está mal hacer estos pequeños ejercicios, ejercitar un poco la memoria, intentar definir algo, poner el limpio lo que se puede saber. Hasta el momento me queda claro, es algo, pero no sé que es. Siempre envidie a esos que definen con la claridad de un mecánico, señor es la leva, punto, tiene que cambiarla, es obvio que es la batería, moverse entre blanco y negro debe ser una maravilla. Mi trabajo no me permite los extremos. Mis hobbies tampoco. Una autodisciplina militar, aunque no lo parezca ya que mi físico y mis modos poco lo dejan deslumbrar, me alejan de caer por el precipicio. Porque es así, si me descuido solo un poco, si volteo la mirada, si dejo que la vida tome control, desaparezco. Empezaría a vivir en mi cuerpo un ser andrajoso que no le importa nada más que leer un buen libro al mes, caminar entre los arboles y toar el saxofón. Ni siquiera importaría que tipo de música, si estuviera bien o no, si fuera algo coherente, a ese ser solo le importaría escuchar que su cuerpo es capaz de producir por medio de esa ese algo parecido a música. Así que esta autodisciplina me permite conservar amistades, cocinar, pagar las cuentas, pelearme con mi novia, criticar películas que no me importan y comentar por internet una foto ridícula. No me quejo, bastante bien llevo mi vida. Soy feliz. Pero ese monstruo de indiferencia tiene que ser controlado. A través del jazz llego a eso, a la indiferencia misma. Algo no está muy claro, hay dos conceptos acá que se están alejando y no puedo encontrar conexión entre ellos. Creo que la única manera de encontrarla es seguir indagando. Por qué me gusta tanto el Jazz y por sobre todas las cosas me gustaría ser un gran músico de Jazz que es de las cosas más difíciles que hay y al mismo tiempo dentro de mi hay un ser que no le importa nada. Tal vez por la misma razón que el hombre construye muros para separarse de algo que no le gusta, o construye tecnología para algo tan básico como la muerte. Escribí el párrafo anterior y me tuve que retirar un momento para pensar. Me serví otro trago, subí un poco a la terraza, disfrute el fresco de madrugada, el sol todavía no se asoma, se veían lejanas las luces de la ciudad, y se distinguían claramente las estrellas, ni una nube. Cuando volví a entrar pasé por mi biblioteca y me quedé largo tiempo observando mis libros de poesía. Leer buena poesía despierta los mismos sentimientos que escuchar buen jazz. La posea que un principio parece caótica, la no académica, la que oculta su orden en los espacios en blanco del papel. Esa poesía se parece mucho al jazz, y en esa poesía, está ese mismo yo no se qué, y está también la conexión entre el esfuerzo y la constancia y la nada misma. Sique siendo un misterio para mí qué las conecta, pero por lo menos ya encuentro dos que comparten una propiedad. Compré, lo que para muchos es el mejor disco de jazz de toda la historia, en una disquería de un shopping, me había ido a comer una hamburguesa, y como ese día no trabajaba me iba a ir al cine, camino al cine, que estaba en el ultimo piso, estaba la disquería, entre, y apenas lo hice, me di cuenta de los poco discos de jazz que tenia, a parte de los copilados y uno que otro heredado o encontrado, más algunos bajados de internet, no tenia mucho más, así que me dije, en vez de ir al cine, me compro un CD. La selección era realmente pobre, no sé si tenían en total veinte títulos, pero tenían ese, el disco de los críticos y la mayoría de los músicos, el disco del genio indiscutible de la trompeta, lo compré, porque ni en digital lo tenia, y antes de irme, volví al patio de comidas pero esta vez para tomar un café y leer le librito que traen los cds. El disco era importado, lo noté recién cuando lo abrí, estaba todo en ingles, yo lo hablo así que no tuve problemas, recuerdo, muy vivamente, que leyéndolo, me dio una vibra de jazz, como si fuera algo más grande que la música en sí, como si las palabras Sax, trumpet, bass, solo, improvisation, ya no se pertenecieran a si mismas, una vez utilizadas para algo, o por alguien , o para describir un fin superior que fuera más allá de su mero significado, ellas pasaran a ser parte de ese algo, su yo pasara a ser un de él, o para él, parece obvio ya que las palabras están para designar algo, pero esta era diferente, era una carga más allá de su significado. Obviamente esto era una sensación mía, y la palabra trompeta tendrá para cada quien un significado diferente y una imagen diferente y un valor diferente dentro de su juego de memoria, pero lo importante, la sensación que retengo, el hecho que retengo, es que las cosas se riegan, se unen, se bifurcan y se mezclan, se fusionan. Sumamos y cambiamos, modificamos, pero no tenemos absolutos, imposible tenerlos. Ese día leyendo ese librito, en ese lugar impersonal con un café excelente, me di cuenta de lo ridículamente condicionado que estaba, de la suma de todas las cosas que me hacían. Empecé a sentir una nostalgia por la palabra trompeta desnuda de todo significado, y supe que jamás lo encontraría, qué tal vez no existía. Dudé por un instante de mis gustos y de cuales eran realmente míos. Y después volví la mirada para abajo y mire el librito, y pensé en el jazz y si realmente me gustaba. Si algo me gustaba o no, ya no parecía tener sentido, busqué otro juego de palabras, otra cosa no relacionada a lo neuronal, y pensé en el hacer, una acción, algo más cercano al dolor y al placer. Eso es más difícil de engañar, eso dado el esfuerzo de la acción, y la inmediatez de la respuesta, debe ser más real, si te gusta hacerlo, te tiene que gustar, si te da placer, te tiene que gustar, puedes hacerlo, por obligación, por gusto, por no tener otra alternativa, pero por eso no te tiene que gustar, la acción de hacer y gusto juntas, me sonaban bien, me sonaban seguras en ese momento de incertidumbre. Me gustaba hacer jazz? Si me encantaba. Me gustaba hacer algo más? Muy poco. El jazz era una cosa para hacer, y estaba buena, el jazz se pasó al lado de lo real. Volvía mi casa a escuchar el disco. Estaba solo en ese entonces, todavía no conocía a mi actual novia, me senté a escuchar el disco y a no hacer más nada, a disfrutar, de ese momento. Esa noche también empecé a tener conocimiento del monstruo de la indiferencia, y fue, ahora lo veo, por la misma razón, enfrentados con esa pregunta, me gusta hacer? Disfruto de la acción de realizar esto? las cosas pierden valor, el mundo tal como lo conocemos pierde fuerza. Cómo ahora, a punta de recuerdo, tiempo muerto y ansiedad, he podido ordenar pensamientos que tanto me incomodaban, en el baúl. Lo más raro es que ha sido un ordenamiento que ya existía, algo que ya me había pasado, ya tenía las piezas, me faltaba armar. Así que eso es, el hacer con placer es la clave. Tendría que dejar mi trabajo, por lo menos la mitad de mis amistades, y toda la familia de mi mujer. Una larga madrugada. Un galpón oscuro. Un bar con mucho terciopelo rojo. Cuartos llenos de negros con camisas blancas impecables, humo, mujeres con vestidos rojos. No eran nadie. Eran descartables. Eran una transición un suspiro antes del grito. Solo puedo llegar a imaginar el dolor y la impotencia que sentían, desplazados, ignorados y abusados. No sé si los primeros jazzistas, que eran bluseros, lo hicieron por ellos, para ellos, pero me encantaría pensar que si, que tocaban para ellos, que fue una voz absoluta mente propia, una masturbación, y que alguien lo escucho y dijo me gusta, así quiero hacer yo también, te voy a copiar. La nota Blues. / Teoría de la nota blues/ Otra cosa que no sé, la historia del jazz, del blues, como llego a ser. No tengo el conocimiento, pero si tengo la sabiduría. Porque el blues solo puede venir de un lugar, el blues nace de las entrañas, porque yo, sin saber de música, lo sentía, no lo podía reproducir, pero lo sentía, y de ahí viene el genio de esos primeros creadores, le dieron nombre, color y forma a un sentimiento primitivo de la historia, a ese primer sentimiento que hizo que un hombre saliera de una cueva a matar a otro porque se llevó a su hembra, qué hizo que un marinero se convirtiera en ladrón por estar arto de un capitán déspota, un granjero huyera a otro continente para tener tierra propia, una mujer dejara a su hogar cansada de recibir golpes, un indígena se escondiera en una selva impotente de trabajar por nada y ver a sus hijos morir de hambre, un hombre sin derechos golpeado obligado a trabajar en campos de algodón por nada, una mujer sin voz sin alma sin gustos, a ese sentimiento que cultivaron y cultivamos y del cual parece no podemos escapar, la voz de ese sentimiento es el blues, y esos grandes creadores lo pudieron enmarcar y eso es mucho, es mucho más que nombrarlo y describirlo, es darle identidad, volverlo orgánico, más que explicarlo, es traducirlo. Después el jazz fue la evolución de ese sentimiento al poder. De la elevación de la queja al grito de la victoria. El blues sube a la montaña y el jazz disfruta de la vista. El blues es el viaje, el jazz es la fiesta. Está amaneciendo. Tengo hambre, me voy a hacer un sándwich de queso, tostado y con manteca. Juan no se levanta hasta las nueve y si no despierto a mi mujer sigue de largo hasta mañana, así que voy a intentar seguir esto un poco más. El amanecer es desesperante en su rapidez, atardece lento, pero amanece con una rapidez que realmente aterra. Me gustaría que los amaneceres fueran más lentos. El atardecer va cayendo lento y pesado, el cambio de temperatura, la luz, todo va segundo por segundo, cambiando a la velocidad de la arena, hasta después de que se va el sol, te da un tiempito para que asientes lo que está pasando, pero el amanecer va de golpe, es un segundo, ves que esta clareando, sientes el pico de frio, y nada más, luz, sol, los pájaros se vuelven locos un trompetazo, eso, el amanecer es un trompetazo, mientras que el atardecer es saxo barítono. Me quedé pensando en los primeros creadores. Me imagino el espacio gigantesco que tenían para crear, esos primeros genios. Porque para hacer eso, hacia falta espacio y tiempo, dudo que sin dedicarle tu vida a algo puedas hacer algo de eso, no digo el mejor que aparte de todo el tiempo del mundo, necesitas ese algo más que nadie sabe bien que es, digo uno medianamente bueno. Creo que es imposible ser un buen jazzista sin dedicarte a ello tiempo completo, si practicas mucho podrás ser un mediocre que engañe a algunos una noche en un café, pero nada más. Espacio y tiempo. Para ser un creador, tienes ante todo que ser un creador, y nada más, todo tiene que ir en segundo lugar. Pienso en todo el tiempo que perdí antes de estudiar mi instrumento. Pienso en todas las distracciones, pienso en mi debilidad frente a ellas. No, lo hagas por que no es el momento, no lo puedes hacer porque no hay dinero, tienes otras prioridades. Pienso en mi de niño, tal vez buscando jazz y encontrando músicas de moda, dejándome llevar, cantando algo que en su momento fuera lo conocido, en el secundario, dejándome llevar por los que escuchaban los otros, siendo influenciado constantemente. Si tan solo me hubieran dejado tranquilo, si tan solo me hubieran dejado un espacio dentro de tanta información. Es verdad, admito que no tuve la fuerza para decir déjenme tranquilo, voy a hacer esto voy a hacer la otro, no tuve la fuerza para decir no los necesito, no necesito su aprobación o su apoyo, no quiero que me lleves, yo me voy e bicicleta, no me interesa que no te guste a mi me llena. Pero quien tiene esa fuerza? Los grandes la tienen, por eso más allá del espacio tienen ese algo, que tal vez es la fuerza, a tal vez ese algo los lleva a ser fuertes. No lo sé. Ahora si lo supiera, o lo hubiera sabido entonces, podría hacer algo al respecto. Por delante un día de trabajo, un desayuno seguramente muy agradable, lleno de pequeñas bromas y mucho amor, seguro la anticipación de tan pequeño e importante acontecimiento nos va a devolver a un estado infantil. Nuestro primer recital a los treinta, una hora y media de soft jazz y blues. Una guitarra y un saxo tenor. Qué es lo peor que podría pasar?

Fragmento de "Cobarde".

Este es un fragmento de una novela que se llama "Cobarde". Se llama o se llamaba, no sé, la dejé inconclusa. La dejé sin terminar ...