El Bar.

     No soy quien para hablar de la relación de el alcohol y las letras, pero si me atrevo a hablar de una tangente del tema, lo literario de un bar.
     Primero hablemos del Bar. No acepto el titulo de Bar en cafés o restaurantes. En un Bar se sirve alcohol y se va a tomar alcohol. Si hay algo para comer es irrelevante, y si ponen música también. Nada más molesto que entrar bajo falsa publicidad a un “bar” y encontrarse a todo el mundo tomando un café y comiendo sanduchitos, algo bastante común y bastante molesto en argentina, que tiran la palabra en un cartel con una facilidad que raya en la ignorancia, que sean mas del vino que del ron, y más de las mezclas que de los años en barrica, no justifica tan liviandad en el uso de la palabra.
     Que el alcohol es malo para el cuerpo y para la conciencia nadie lo duda. En el que es probablemente el mejor stand up de la historia, “Himself” de Bill Cosby, el sketch del borracho nos da una línea que resume el por qué nos entregamos a tal castigo,  “porque me lo merezco, trabajo duro toda la semana, y me merezco la bebida”. El alcohol, por la razón que sea, empieza siendo una recompensa, es una puerta a algo bueno, a algo mejor, que después el conejo blanco se de la vuelta y te muerda una oreja es otra cosa.
     En el Bar, en el de verdad, se cocinan historias. Porque el bar de verdad está lleno de hombres que se merecen estar ahí. Trabajadores, obreros, hombres de oficio, mujeres cansadas, personas derrotadas, derrotas de verdad, derrotas que implican tramas complicadísimas, personajes pintorescos, peligrosos, reales.  Hay hombres que han vivido en la clandestinidad durante las dictaduras, hay ricos que han caído en la miseria, hay historias de cárcel, de estafas, de suerte. Que todas las personas tienen su historia, es un enunciado valido, que las historias de lucha son más entretenidas, también.
     El Bar está cargadísimo de historias, porque nunca salen del Bar. El hombre que ahí las cuenta no sabe contarlas en otro lado, el hombre que las escucha no sabe reproducirlas. En el lugar se dan las condiciones necesarias para que el relato tenga un marco que lo sustente, la camaradería, la liviandad de la lengua, la informalidad, y por sobre todas las cosas la falta de juicio.
     La literatura chorrea por las paredes de los bares porque no hay críticos. A los críticos los cuelgan de los huevos, no son bienvenidos, el que venga a juzgar que tome en el lobby de un Hotel, o que se ponga a tomar vino en un restaurante. En el Bar se está entre iguales, tu historia vale porque es tuya, el estilo se aprecia porque hay sensibilidad, y la excesiva inventiva se castiga con la falta de atención, no tanto por tener poco gusto por los adjetivos, si no más bien por una cosa de confianza, que el que mucho habla poco entiende.
     Tomar y hablar, tomar y escuchar, tener un hombre al lado y saberlo compañero, quien no presta la oreja presta la mano, te consigue trabajo, te charla de su jefe. El que no te cae bien no se te acerca, el que no te habla no te confía, si te vas de copas el cantinero te corta la ronda. Estas tranquilo porque tu mujer, si existe, sabe donde estas y lo sabe inofensivo, tu dinero rinde porque no hay pretensiones. El que no sabe escribir sabe hablar, y la Ilíada primero fue cantada.

     Para terminar voy a contar una anécdota, se me acerca Jorge, el cantinero del 01, para servirme la ultima copa, hemos estado un rato hablando de Chávez y de la abstracción que significa la conciencia y de la queja y su contraparte la aceptación, y me dice, hablando bajito para que nadie escuche, porque me confiesa que no todo el mundo sabe, “yo sé que lo tuyo son los libros y esas cosas, veo que bienes acá tranquilo y sacas tu cuaderno, sabes que a mi me apasiona la lectura, la historia en especial, pero no puedo leer, soy ciego de un ojo y del otro casi no veo”. 

Los cuadernos de Samuel Schuberstein

El gran Samuel Schuberstein decía que la clave era decir todo diciendo muy poco o nada. Se dice, personas que los han visto y estudiado, que escribía cuadernos enteros en los que ensayaba diferentes combinaciones de palabras buscando aquella frase que dijera todo y, al mismo tiempo, no dijera nada. Los primeros cuatro cuadernos contienen combinaciones de diez palabras, los siguientes seis contienen nueve, ocho, siete y seis palabras, hay dos cuadernos de cinco, uno de cuatro, dos de tres y uno no terminado de dos. Los cuadernos están escritos en su mayoría en su lengua natal, pero también se encuentran frases en español, ingles y francés. El gran Samuel Schuberstein murió de viejo a los noventa y tres años.  En su lapida se lee: "Samuel Schuberstein. Escritor."
A mi lo que me gusta es estar al sol tomando cerveza
ya me metí en un salón de clases y conté los minutos para salir
ya me senté en una oficina y me controlé para no asesinar a nadie
ya le debo plata al estado
ya rompí con el estado de mi familia
y a mi lo que me gusta es sentarme a ver el mar y tomar cerveza
y no es por vago
(que mi auto me lo arreglo yo, y mi comida en lo posible es cosechada, y si hay que levantar leña la levanto)
es por comprender el inmenso potencial que tienen mis minutos
el sol , la cerveza,
y pensar en las estrellas
en la infinita calidad que me da saberme nada
en cada ola una afirmación
esta no es nada más que la que sigue
y así hasta que no haya agua.
Así que a mi me gusta estar al sol tomando cerveza y
pensar que esta noche salen las estrellas.

Dos preguntas sobre lo malo.

Es raro leer algo malo sobre una obra literaria. Generalmente las críticas que llegan a los medios, son buenas o neutras. Cuando uno se acerca a una editorial o a una publicación literaria, las respuestas son si, no o neutro (silencio). Aunque un si y un no son bastantes elocuentes, nunca sabes si la respuesta se debe a la calidad del trabajo o a cualquier otro motivo, por lo tanto la respuesta es poco útil para el que la recibe. Me preguntaba qué pasa cuando algo es malo, qué pasa también con el silencio. Les pregunté por mail a Damián Ríos, reconocido editor y poeta, actualmente al frente de Blatt y Ríos, y a Juan Terranova, escritor de ficción y arriesgado crítico literario, y esto fue lo que me dijeron: 

Toto: Le dices a los autores cuando los libros que te envían son malos? Ves necesario mencionar lo malo de una obra tanto como lo bueno?

Damián Ríos: Sí, lo hago, pero no siempre. Recibimos 1 o 2 libros por día para leer. No podríamos leer todo y hacer, además, críticas. Es imposible. Si entiendo que hay algo que tiene futuro o lo que sea y en el que puede ser interesante lo que tenga para decirle, lo hago en la medida que puedo. Me mandan muchas cosas que no tienen nada que ver con lo que editamos y entonces es imposible charlar.


Toto: Como crítico literario. Encuentras necesario decir si algo es malo tanto como si algo es bueno? Cómo usas el silencio? No dedicarle palabras a un trabajo es negativo o positivo? "

Juan Terranova: 1. La crítica es evaluar. Si no evalúa y da una conclusión no es crítica. 2. Hoy el silencio se usa de forma crítica. Como hay un tabú general de jugarse y decir que algo es malo o está mal hecho, se ningunea. Yo trato de escribir todo lo que puedo. Esa es mi forma de usar "el silencio": decir. 3. Si te pagan para escribir y no escribís te estás robando el dinero. No está mal, pero es pecado y por tus actos serás juzgado.

Eclosión de una estrella del surf en una noche de Barranco.

          Tardaron en prender las luces de la plaza. Me pregunto si hay un encargado para eso o, al contrario, se encenderán con un sistema automatizado. En caso de que fuese un encargado, puedo pensar en pocos trabajos que carguen tanta responsabilidad. Cuando las encendieron, o se encendieron, ya la noche estaba tranquilamente asentada en la vida de aquellos que dejábamos pasar el tiempo sentados en los bancos. Esto acentuó mí, ya plantado, desconcierto y agregó mucha incomodidad. Después de todo era de noche y estaba en un lugar desconocido.
Agradecí estar solo y no tener en quien derramar mi desmán. Todo el día había sido igual en las calles de Barranco, me sentía un campesino o un monstruo, muchos años tenía ya alejado de las grandes ciudades y era poco lo que quedaba en mí de cosmopolita. Varios sentimientos, chocando y peleando dentro de mi, incrementaban el desasosiego. Estaba, en parte, muy contento por estar de nuevo cerca del mar, y parte de esta emoción se había convertido en una pregunta clave ¿No tendría que estar viviendo cerca del mar? Las vacaciones me ayudaban a soportar la lejanía, pero también me recordaban que existía y que no lo tenía todos los días.
            Las calles oscura poco ayudaban, no por la oscuridad en si, pero por su carácter misterioso. Al final de mis vacaciones escribí una pequeña frase en el cuaderno del hostel, " Me gusta el barrio, lo encuentro sólido". Era Jueves, tendría que esperar al fin de semana para comprobar su famosa vida nocturna, la cual no agregaría o restaría a mí ya bastante clara opinión del lugar.
Varios niños jugaban y saltaban a mí alrededor mientras mamás distraídas charlaban cerca de un árbol. Sentía que de alguna manera Barranco y Perú me estaban dando una lección. Intentaba descubrir cual era. Pensé que caminando me despejaría un poco.
            Me levanté y lentamente me alejé de la plaza. Algunas casas se caían de viejas, encantadoras todas ellas. Estaba pensando seriamente en estirar mi viaje un par de meses más. Quería aprovechar el hecho de que estaba en una ciudad con cultura de Surf, eso era algo que siempre había querido aprender a hacer. Justo cuando estaba pensando en esto, la vi.
            La casa era, como tal, solo una fachada. De puro curioso me asomé por un espacio que dejaban las tablas de madera que tapiaban el frente. Se podía ver que el interior estaba toda destrozado para hacer espacio. Grandes reflectores iluminaban todo el taller. Porque eso era, un taller. Un taller en el que hacían tablas de Surf. Dos hombres cortaban, daban forma, lijaban, trabajaban en silencio. No podía reconocer la música que escuchaban, y no sé que clase era, sé que no era latina, clásica, country, heavy metal o pop.
            Intenté llamar la atención de los trabajadores en el interior de la casa, pero era muy poco el ruido que podía producir, jamás pude silbar muy fuerte, y al no haber timbre o manera visible de llamar hacia adentro, rápidamente desistí de seguir haciendo el ridículo con mis débiles silbidos. No sabía bien por qué quería llamarlos, lo había comenzado a hacer instintivamente, solo sabía que me interesaba hacerlo. Me imagino que me llamaba mucho la atención saber cómo se hacia una tabla de Surf. Podía ver varias ya listas, alineadas contra una pared. Decidí esperar.
Primero lo hice en la puerta, después me senté en la vereda de enfrente, y me distraje detallando la fachada de la casas, todas llenas de moho y mierda de palomas.
Espere más.
Espere mucho tiempo.
No sé cuanto tiempo pasó, desde mi posición podía escuchar claramente la música y el ruido, casi murmullo de alguna herramienta eléctrica.
De repente todo se apago en el interior, crucé rápido y me asomé de nuevo por el pequeño agujero de entre las tablas, silbé y golpeé un poco con mis pies, esta vez dio resultado. Uno de las personas del interior se acercó a una de las tablas y la abrió a modo de puerta, me presenté y le dije lo que quería, por alguna razón me justifiqué diciendo que nunca había Surfeado y que quería aprender a hacerlo. Joseph, así se llamaba el rubio que había venido a mi encuentro, me invito a pasar.
Había una especie de tablas blancas recortadas en las paredes, una de ellas en la que parecía que trabajaba Joseph, estaba cortada y se podía ver ya claramente la forma de la tabla de surf.  Mi anfitrión, tranquilo, mientras su compañero pintaba una tabla en el otro extremo de la estancia, me explicó paso por paso cómo se fabricaban.
Cuando terminó, fue muy poco lo que podía recordar, le di las gracias y me despedí. Joseph me dijo que estaban por comer algo que si quería los podía acompañar. Vi mi reloj, eran las dos y media pasadas, mi temprana cena de anticuchos estaba bien digerida, y la verdad, tenía hambre, estaba curioso y no tenia nada más que hacer. Acepté y me ofrecí a buscar algo para tomar o para completar lo que ya tenían, Joseph dijo que no, que nada hacia falta. Héctor, así se llamaba el chico que estaba pintando, se presentó y excusó al mismo tiempo, dijo que no nos podía acompañar, que se iba a su casa un rato y después volvía. Me pareció extraño, pero toda la situación y la noche lo era, así que no me hice mayores problemas.
En la parte de atrás de la casa había una cocina sin artefactos, sólo había un microondas, una cava portátil, una mesa de plástico y dos sillas de madera. La cava estaba llena de hielo y latas de cerveza rubia. Joseph calentó arroz y una especie de carne al horno, sirvió abundante en dos platos y me entregó una, también me alcanzó una cerveza y un poco de salsa de rocoto.
Comimos mucho y charlamos copiosamente, surgió mi pregunta, bastante obvia, de por qué trabajaban de noche. Me explicó que todas las mañanas iban a Surfear, que era su hora predilecta, aunque el dijo preferida, para hacerlo, como les costaba levantarse temprano, encontraron como solución cambiar sus horarios. Me dijo que para ellos el día comenzaba a calmarse a eso de las dieciocho o diecinueve, que ellos usualmente se despertaban como a las veinte, cuando el día ya estaba totalmente tranquilo. De esta manera, trabajaban por la noche, surfeaban por la mañana y dormían por la tarde. Me pareció bastante lógico en su momento, ahora pensándolo bien, no tanto.
Joseph tenia que volver al trabajo así que dejamos la mesa y pasamos al salón justo en el momento en que entraba Héctor. Les pregunté si alquilaban tablas, me dijeron que no pero que tenían para prestarme una si quería y ambos me invitaron a acompañarlos en un par de horas cuando salieran. Les dije que si, y me dirigí al hostel para dormir un par de horas, la verdad es que estaba cansado.   
            Contrario de lo que esperaba, me dormí enseguida, y cuando me levanté solo con dos horas de sueño, me sentía fresco y sin rastros de cansancio. La mañana era suave, acogedora y promisoria. Cuando llegué al taller me convidaron café con leche y un trozo de pan con mermelada, ya me estaba sintiendo un poco incomodo con tantas invitaciones, así que les deje que el almuerzo lo invitaba yo, "por supuesto", me dijeron y empezaron a reír como si ellos supieran algo que yo no.
            Tenían un auto, así que no fuimos a las playas de la ciudad, nos fuimos al sur, unos setenta kilómetros. Cuando llegamos me pareció que estaba viendo una de las playas más bellas del mundo. El sol empezaba a calentar, finalmente iba a saber lo que era surfear.

El agua estaba fría, bastante fría. 

La librería de usados

A mi amigo Viti. Juntos aprendimos el arte de pagar libros una miseria, pero sobre todo, a mantener cara de nada frente a un elefante blanco.

Una librería es más que un negocio, es un lugar de posibilidades. Ningún otro negocio te ofrece tantas variedades del mismo producto, y con resultados tan diferentes, brechas tan distantes en precio, ideología y calidad. Se meten todos los libros en la misma bolsa.  Y aunque tienes librerías especialidades, las de usados, que son las que nos ocupan en este relato, tiene de todo. Ofertas de mínimo valor, rarezas sobre valuadas esperando al cliente justo, libros como nuevos a mitad de su precio original, todas las materias, ciencias, filosofía, literatura, espiritismo, diccionarios, otras lenguas, infantiles, juveniles, solo para adultos, hasta un libro para hacer juguetes de madera y una historia de Cristo por el mismo. Todo. Una buena librería de usados no discrimina, al contrario, todo sirve, un libro roto se arregla, uno por la mitad encuentra su otra parte en algún momento, un tomo de enciclopedia perdido por uno es el encontrado por otro, el librero de usado almacena sin asco, sin pena y muchas veces sin juicio.  Una librería son sus libros, y como se consiguen esos libros, es lo que nos interesa.
 Toda librería que se respete debe tener dos responsables. Ambos igual de importantes, ambos igual de capaces. Toda librería tiene que tener un Cazador y un Guardia. Sus nombres responden obviamente a sus tareas. El Cazador busca libros, responde a los anuncios, va a las casas, va a otras librerías en busca de rarezas pasadas por alto, camina la ciudad, se pierde en internet, roba si es necesario. El Guardia se queda en la librería compra los libros que traen para vender, se encarga de los cambios y por supuesto de las ventas. El Cazador, tiene que ser rápido, atento, inescrupuloso, un poco mentiroso y preferentemente tener miles de historias para contar y distraer la atención de lo más importante, los libros. El Guardia tiene que ser duro, intuitivo, de apariencia confiable, y muy sereno, un Guardia tiene que ser paciente, ya que de él depende el capital, tiene que estudiar muy bien los precios y los clientes, y tiene que tener la frialdad para hacerlo.
En esta librería, esa que se ve al final de la calle, esa del toldo verde, con los dos tablones al frente, tablones de oferta, tenemos a nuestros dos dueños, discutiendo por supuesto, y esto es lo que dicen:
- Mirá no me importa que tan lejos tuviste que ir, hacer ese viaje, por este libro, no vale la pena, acá a seis cuadras hay una biblioteca para ir a ver.
- Bueno, como iba a saber que era un viaje perdido, a veces en el campo se rescata algo bueno.
- Cuanto crees que le sacamos a esto.
- Dice 226 de ochocientos, por lo menos está numerado, mira ponle trescientos, y pagamos el viaje y un poco más, no es tanta perdida.
- Bueno. Pasaste por la otra casa.
- Si.
- Ajá, te lo estabas guardando para el final. Qué conseguiste.
- Nada.
- Dale.
- Mira.
-No?! Todos de Aguilar?
-Todos. Mira, mil y una noche de Cansinos.
- Vamos todavía. Esto si que esta bueno. Cuanto?
- Todo por quinientos.
- Quinientos? Esta bien. No le ofreciste menos.
- Vamos viejo. Mira, está el tomo uno de Dostoievski y el de Mark Twain, más las mil completas, olvídate es un regalo, mira, Camus y Pirandello.  
- Si, la verdad que esta bien. Es un regalo. Mira lo que compre yo.
- Bien, Perfume, Lem, Marquez, lindo che, hoy salimos del poso, rompimos la racha de mierda.
- Loco esto está buenísimo. Uno cada uno.
- Bueno.
- Yo me quedo Camus.
- Puto. Dame Dosto.
- Bueno. Menos mal que nos fue bien. Llamó la bruja, quiere plata.
- Que se valla a cagar la vieja de mierda.
- Bueno, le dije que pasara esta tarde, le voy a dar algo.
- Qué? Estas loco. Ya fue eso. Déjame que la atienda yo esta tarde, no le van quedar ganas de llamar más, vieja hija de puta.
- Mira, quedé en darle trescientos, y ya está, es lo último.
- Se aprovecha de ti, cuando estoy yo nunca aparece.
- Bueno pero ya terminamos, ya esta.
- Conchuda, la próxima vez le voy a partir la mesa en la cabeza, haber que dice ahí.
- Bueno, otro tema. Vino el gordo.
- Otro hijo de puta.
- Nos ofreció el siguiente cambio. Nosotros le damos los de Steinbeck de Caralt.
- Que se valla a cagar.
- Y el nos da la colección completa de siglo y medio de eudeba, la de literatura argentina.
- El gordo no tiene esa serie completa ni en pedo.
- La tiene yo la vi.
- De dónde mierda la sacó?
- No sé, se la cambiamos.
- Claro. Pero porque lo quiere cambiar?
- Al gordo le da asco el papel amarillo.
- Es un conchudo.
- Podes hablar un poco mejor.
- Anda a cagar.
- Shh viene gente. Esto de Aguilar esta increíble.
- Increíble.


Así, en la librería de usados. 

Misterio/Secreto. Otra lectura personal.

Misterio. En arameo una raiz DALET ZAIN. Es el movimiento lo que importa, la búsqueda. DALET es la respuesta, es la reacción a un estimulo, y ZAIN es el movimiento, movimiento hacia dónde, si hablamos de algo que nos es oculto y nos hizo reaccionar (DALET) el movimiento (ZAIN) debe ser hacia develar el misterio, hacia el misterio, a resolver la inquietud. Pero en hebreo no existe misterio. En Hebreo es SOD (SAMECH VAV DALET) que es más un secreto, SAMECH entre otras cosas es biología, energía biológica, VAV, entre otras cosas, es el agente fertilizante, es el responsable de generar, y DALET como dijimos antes es una respuesta al estimulo, en este caso vemos como la fuerza de la vida, se ve fertilizada por la respuesta, por el proceso, por lo tanto lo que ahora es un misterio antes era un secreto, la diferencia básicamente entre una palabra y la otra, es que una nos invita a buscar nada más, a revolvernos en la nada y la otra nos dice que la respuesta está en el mundo físico, qué hay que buscarla, pero que está. El secreto es sólido, el secreto se puede compartir, el secreto es información escondida, el misterio nadie sabe. Nos cambiaron la palabra, nos cambiaron todo, teníamos historia, nos dieron mitología.  

Las iglesias usan la palabra misterio para dejarte dando vueltas en la nada. Y si usaran la palabra secreto? 

Pensamiento Jasídico.

El siguiente texto, más allá del humor y la posible moraleja, es un texto que me gusta porque está muy bien escrito. Nótese con que pocas palabras, y utilizando los signos de puntuación son capaces de describir la escena y dar atmósfera al dialogo.

"Se puede aprender de cada cosa", dijo cierta vez, el rabí de Sadagora a sus "jasidim": "Cada cosa puede enseñarnos algo, y no sólo las cosas que Dios creó. También lo que el hombre ha hecho tiene algo para enseñarnos". 
"¿Qué es lo que podemos aprender del tren?" preguntó un jasid con incertidumbre. 
"Que por un segundo, uno puede perderse todo" 
"¿Y del telégrafo?" 
"Que cada palabra se tiene en cuenta y debe pagarse".
"¿y del teléfono?" 
"Que lo que decimos aquí es escuchado allí". 

Permítenos oh Dios escuchar tu risa.

Si el Humor es terreno exclusivo del Hombre,
Que nadie conoce perro que ría,
O albatros que se detenga a sonreír frente a pingüino,
Si esto que nos entretiene cosa humana es,
En ella algo de Divino puede haber.
Porque,
Si Borges ciego era,
Y Beethoven sordo componía,
Y el que no tiene dientes se jacta de tanto pan,
Nuestro haber cómico es,
Así que ya sea por azar del destino,
O por interferencia celestial,
Nuestra realidad en la ironía y el sarcasmo se realiza.
Así que como victimas de tu Gracia,
Oh Dios,
Al menos permítenos,
Tu risa escuchar.

La Máquina.



Ira e impotencia. Eso es lo que siento cada vez que me doy cuenta soy una piecita más, una arandelita, un clavo oxidándose en esta gigantesca y compleja maquinaria que funciona por funcionar. Una maquina que se rompe, se mejora y se agranda hasta tener proporciones insondables, con sus partes trabajando por separado, independientes y unidas. Una maquina asquerosa, grasienta y desprolija, una maquina que por falta de ingeniería lastima sus partes, las rompe, las remplaza fácilmente. Yo no soy más que otra partecita de esa enorme asquerosidad, humeante, ruidosa, en permanente discusión. Se discute para que sirve, se discute como funciona, se discute como modificarla, y nadie tienen idea, y se convocan a las expertos, y los expertos tienen teorías, pero han estudiado dentro de la maquina, se han criado en ella, la suya es una ignorancia adiestrada. Y que hermosa seria la vida si fuera un clavo de los de adentro, una de esas arandelas o tornillos que viven en las entrañas de la maquina, que no conocen otra cosa que el oxido y por eso se contentan con el aceite. Pero no, a algunos nos toca el borde de la maquina, uno de sus bordes, bordes que desaparecen porque la maquina va creciendo y nos va tapando, pero por un momento, la vemos, vemos la vida fuera de la maquina, fuera de los engranajes, fuera del ruido. Y te das cuenta que eres un tornillo, o un clavo o una arandela. Porque  tal vez lo peor de todo, es que ni siquiera puedes ver la pieza que eres. Esta maldita conciencia que me dice que existo pero nada más, información perversa. La conciencia como diversión de Dios e instrumento del Diablo.

Un payaso en el cementerio.

- Cómo es eso de que había un payaso en el cementerio.
- Si. Estaba ahí todo maquillado, y con un bolso colgando medio raro, seguro que tenia globos y esas tonterias.
- Estas seguro?
- Coño crees que soy tan tonto o tan ciego, como para no darme cuenta de que había un payaso en el cementerio.
- Bueno bueno. Le hablaste?
- No. Que le voy a decir?
- Cómo qué le voy a decir, te acercas y le preguntas, señor que hace usted vestido así?
- No.
- Cómo no?
- Y si era un fantasma?
- Un fantasma vestido de payaso?
- Y porque no, qué se yo como se visten los fantasmas. O qué, los payasos no se mueren.
- Hombre si, se mueren, pero no los entierran vestidos de payasos.
- Los fantasmas no se quedan  con la ropa con la que los enterraron, qué sabes tu de los habitos estilísticos de los fantasmas.
- Bueno bueno. No puedo creer que no le hablaras.
- Tu que hubieras hecho.
- Yo le pregunto.
- Y si era un fantasma.
- Qué se yo, corro, pero no me quedo con la duda. Igual no era un fantasma, era un tipo disfrazado, seguro iba al trabajo y antes pasó a dejarles flores a un familiar.
- Vestido de payaso?
- Y por qué no? Es su uniforme de trabajo. Hay gente que va de traje o con overol.
- No creo. Los payasos no andan vestidos de payasos, se visten para actuar, lo que dices es ridículo.
- Bueno bueno. No puedo creer que no hicieras nada. Estaba maquillado?
- Si.
- Con peluca?
- Si, verde.
- La nariz?
-Grande y roja.
- La ropa?
- Gigante y de clores.
- Los zapatos?
- Enormes y blancos.
- Si, definitivamente era un payaso.
- Y estaba en el cementerio. 

Kind of Blue.

“A la gente le gusta mirar a alguien que mueva los dedos rápido.” Miles Davis.

Pero él no lo hacia. Él se encargaba de un lamento con swing. Se rodeaba de músicos que pudieran acentuar y enmarcar lo que él hacia, se encargaba de subrayar o resaltar lo que ellos querían decir.

 “La mansedumbre proporciona, pues, confianza y vastedad de visión. Las cuatro dignidades se inician con esta visión humilde y cumplidora, pero vasta, que al mismo tiempo ve los detalles con meticulosidad. El comienzo del viaje es esta sensación natural de realización que no necesita mendigar nada de los demás.”. De “Shambhala, la senda sagrada del guerrero”, Chögyam Trungpa.

Ser un guerrero cuando importa. El verdadero ser solo se muestra en los momentos cruciales. Cuantas millones de nimiedades prepararon el escenario para ese instante cósmico, cuantas por todas las partes que hicieron esa verdad posible, la verdad como una realidad compartida.

Hacer algo hermoso.

Saber interpretar lo que está ocurriendo, para que lo que se haga, encaje como el elemento necesario para restablecer balance y mostrar otra manera.

La suerte no tiene nada que ver en el arte.  

Azul/Blue, es primero un adjetivo. Es el color del cielo sin nubes. Blue es también un adjetivo que designa tristeza. Kind, casi, de alguna manera, puede que, Kind of Blue, casi azul, como un azul, casi algo.

“Crear: ahí está el gran alivio del dolor, y así es cómo se hace más ligera la vida. Mas para que llegue a existir un creador precisas muchas crisis de dolor y muchas transformaciones.”. De “Así Habló Zarathustra”, Friedrich Nietzsche.  




Agustina

            La historia es la de la mujer, Agustina, esa pobre mujer que se sentaba en su casa todos los santos días, frente a la tele, tomando mate y comiendo facturas. Esta pobre mujer que al contrario de lo que usted ya esta pensando, no es gorda, tampoco es flaca o anoréxica o bulímica ni nada que tenga que ver con vomitar y estar gordo. Agustina es una mujer normal, un poco ancha de caderas, culona, y de busto no muy grande. Ve todo lo que pasa en la tele y no ve programas boludos, nada de concursos de baile, o chismes de la tele, o series ridículas de media hora, ella ve documentales, y ve noticieros y ve entrevistas, ella ve programas de cultura y conocimiento, y esta todo el día mirándolos. Se podría decir que Agustina estudia a través de la televisión. Agustina no es muy grande, hasta joven se podría decir, tiene 34, no tiene novio y no tiene hijos, vive con sus padres, que la quieren y no le reprochan nada, se podría decir que viven contentos. Agustina como se podrán imaginar, es muy culta, ya que con tanto programa y tantos canales, es mucho lo que ve y por ende mucho lo que escucha y mucho lo que se le queda. Agustina, la mujer culona, muchos afirman muy linda casi bella, culta, sentada todo el día en su casa viendo la televisión.  

Quiero llegar a algún lado.


Es, al menos, razonable.

Eso de, quiero llega a algún lado, es un grito entendible, un reclamo justo.

Hasta el más logrado de los conformistas, entiende el llamado de la llegada.

La inconformidad, el gen alienígena, el que genera el arte, el entretenimiento, la deuda y la angustia, inconformidad que nos aleja con la creación de nuestro propio lenguaje, un lenguaje no natural, no biológico.

En la naturaleza no hay error. La inconformidad es un error. El hombre o no es natural o se salió de ella, de cualquier modo, hay un distanciamiento.

Quiero llegar a algún lado, gritó el conductor cansado y nervioso, y solo, sobre el cemento y entre chatarra combustible, leyes de transito y de física. Perdido. Un hombre perdido quiere llegar a algún lado, también un hombre con metas, también uno con inseguridades, sobre todo un hombre inconforme.

Decidieron por nosotros que había o no un Dios, que es bueno y con quien, en que tengo que gastar mí tiempo, cual es mi lenguaje. Entre lo que me dieron y lo poco que puedo conseguir hay un espacio, entre lo que soy y quiero ser hay otro, un tercero entre lo que me dicta mi naturaleza y lo que ordena la cultura. 

Espacios dentro de uno. Inconformidad, no conforme, no con forma, figura con espacios, no solida, no definida, alejada del modelo.

Qué modelo.

Alejado de la naturaleza.

Quiero llegar a algún lado, grita desesperado el hombre dentro de su impotencia.

Tal vez,

Quiero volver a la forma. 

Cambio de Tinta.

Cuando uno cambia la tinta de la pluma, siempre queda un poco de tinta vieja en el depósito, así que por ejemplo, si estabas escribiendo con tinta negra y pones un cartucho de azul, al principio empiezas a escribir con negro, como al principio de este párrafo desde la palabra cuando, todo en negro, y después sale el nuevo color, yo acabo de cambiar el cartucho, cambié el color, y ahora lo que estoy haciendo es esperar que la tinta azul empiece a salir, escribo cualquier cosa esperando que eso pase. Dentro de todo es raro, tengo que hacer para que algo pase, producir de alguna manera sabiendo que voy a tener un resultado palpable, por muy mínima que sea mi producción va a tener un resultado, va a tener una pequeña recompensa, y produzco por un fin específico, conseguir que se gaste la tinta negra y ver como empieza a salir la azul. No sé realmente por cuanto deba escribir, lo que importa y lo bueno es que no importa que escriba, puedo decir lo que sea, es más, si quiero no tengo que escribir, puedo hacer garabatos, pero prefiero escribir, prefiero que el texto aunque irrelevante, pueda ser legible. Irrelevante. Si, irrelevante, no importa, hacer ejercicio, eso. Esto es un ejercicio, es un musculo que está trabajando, es correr un par de kilómetros, llegar a la meta, la meta azul, la llegada, el final es llegar al azul, conseguir el azul, ver el azul después de un párrafo negro, palabras negras, letras negras, un ligero esfuerzo negro, todo para llegar al azul, ver el azul que brota, conseguir palabras azules, y después de eso, qué pasará, continuaré, será suficiente con llegar a la meta o me animaré a continuar en el azul, será diferente, en algo cambiará la tinta azul, me dará otro animo, me provocará otra cosa, me acercará a la ficción, no lo sé. Ahora, hay una cosa extraña, nunca me ha durado tanto la tinta del depósito, siempre son como unas diez líneas, quince tal vez, ahora ya va una pagina y media, una pagina y media de ejercicio con lo que quedaba en el depósito, es más, tuve que asegurarme de que había puesto un cartucho de tinta azul, y si efectivamente compré azul. Digo raro, nada más, de ninguna manera me gustaría aludir a un pequeño milagro o a algún error catastrófico de la fábrica de cartuchos. Una pluma mágica o una fábrica descuidada. Los milagros como errores en el sistema, nada más, misconcepciones dentro de lo esperado, un eslabón roto en la cadena de la lógica crea la magia, la religión, un criterio establecido frente a un espejo borroso crea la mística. Está fallando un poco, creo que se está por producir el cambio, creo, pero no, no pasa nada, seguimos en negro, puro negro. Casi termino esta pagina y sigue el negro, creo que me está desesperando un poco, cuando comencé esto pensé que iba a ser cosa de un párrafo largo, y no, lo que es ahora dos paginas y dos líneas de, algo pasa, esta cambiando, cambio, es gris, estoy escribiendo con una especie de gris, es casi azul, está saliendo el azul, por el momento es más gris, es presenciar un exorcismo, más azul. Siento un poco de desilusión, me hubiera gustado escribir sobre mi pluma que siempre escribe en negro, no importa con que tinta se la cargue, siempre escribe negro. Ya estamos sumergidos en el azul, un azul bastante claro, todavía no es profundo, al principio el azul nunca es profundo. Azul, la meta. Llegué al azul, ahora, nada.

Benesdra, el suicidio y la nada o el perpetuo error.


1. Compré “El traductor “de Salvador Benesdra en una mesa de saldos en plaza Italia. Lo leí con mucho cariño, siempre le tengo cariño a los libros de los suicidas y por mucho tiempo fue uno de mis libros de cabecera. Después hice de vender libros mi trabajo y lo vendí.

2. El suicidio siempre ha estado presente en mi vida. He conocido a tres personas, muy cercanas, que se han suicidado. Uno de mis mejores amigos intentó y falló.

3. Desde siempre en mi familia y después lamentablemente por mi cuenta se trató el tema del significado, de encontrar tramas en la absurda realidad. Esto es enfermizo.

4. Benesdra se ha puesto de moda.

5. Indefectiblemente he trazado tramas y significados en esto.

6. Quise hacer algo productivo de esos desvaríos. Hacer un mini policial del encuentro subrayado por la muerte y en lo posible encontrar algo, un entendimiento.

7. No tenía mi libro para releer, encontrar citas, refrescar la memoria.

8. Me encontré con muchas ganas, pocos recursos y muchos desvaríos.

9. La tarea de traducir, de llevar el abstracto al concreto, la tarea de dar forma. La tarea de trabajar con sentido.

10. Ser un detective en busca de la nada y esperar una recompensa cuando la encuentre. 

Pomelo.

     Agarro mi celular y veo que tengo una llamada perdida de Viti. Raro, entre nosotros no hay emergencias y habíamos hablado la noche anterior. Lo llamo y, preocupado, me dice que Alejandro fue a visitarlo al local, que tenia muy mala cara, que se veía eufórico y deprimido, que le había pedido la bicicleta para ir a buscar la trompeta y el se la había prestado, que no sabia que hacer. Alejandro estuvo haciendo tonterías incomprendidas la ultima semana, así que entiendo la preocupación de Viti. Yo no me preocupo, sé que la gente cae en agujeros negros y sé que se sale, si sigue vivo va a seguir vivo. Le digo que estaba por comer, que cuando Alejandro vuelva le diga que me espere, que en más o menos una hora y media voy para allá. Termino rápido la comida, pero como, me preocupo, pero como, sería incapaz de ayudar a alguien con el estomago vacio, me aseguro de terminar dos copas de vino, ya que seria incapaz de ayudar a alguien sobrio. Me voy en la bici, llego en diez minutos. Alejandro me está esperado, se desarma cuando me ve, me abraza largo tiempo, un abrazo que disfruto, cuando nos separamos le veo la cara, tienes los ojos destrozados, el pelo mal cortado y la boca llena de migas, está bajo el efecto de alguna medicación bastante fuerte. Me tranquiliza no verlo violento, me tranquiliza la realidad, que siempre es mucho más reconfortante que las noticias. Saludos de rigor con Viti, hace diez días que no nos vemos, está cerrando el negocio, decidimos acompañar a Alejandro a su casa, caminar un poco, es invierno pero hay mucho sol, Viti y yo caminamos con nuestras bicicletas, Alejandro con la trompeta, lo estamos llevando a su casa, hay que llevarlo a su casa. Hablamos de cualquier cosa. Hacemos dos cuadras y pasamos por la catedral, a los tres nos llama la atención ver que en el patio hay un hombre haciendo una escultura gigantesca tallando una piedra, por lo menos tiene tres metros de altura. El artista es un hombre como de sesenta años, flaco, esta mugriento. Lo llamamos para que se acerque la reja, muy amable nos dice que está haciendo un San Pablo, le preguntamos su apellido, cuando contesta Abdala, Alejandro le pregunta si es familiar del profesor Abdala catedrático de historia en la facultad, el artista contesta que sí, y Alejandro pasa a hablarle de tres de los libros de su padre. Viti y yo escuchamos en silencio. Nos despedimos y seguimos. Hacemos dos cuadras y por el canal está pasando agua, así que nos quedamos un rato viéndola, se ve tan clara en esta tarde de invierno con sol, no decimos nada solo vemos el agua por un rato y seguimos.
      Llegamos a su casa, nos invita a pasar y por supuesto accedemos, nunca he estado en casa de Alejandro, es un gran amigo, nos vemos a menudo, y nunca he estado en su casa. Al entrar ya sabía que estaba en uno de los lugares con más dolor que había conocido. Su madre rezumaba amabilidad sin soltar la preocupación, estaba en alerta. En el fondo se veía el cuarto del padre, que estaba tirado en la cama con Alzheimer. La casa la mantenían oscura, había una pecera con dos peces dorados, estaba limpia, me concentré en la pecera, todos se tendrían que haber concentrado en la pecera. La madre de Ale se empeñaba en explicarnos, explicarnos todo, el caso del padre, lo que le pasaba con ale, lo que le pasaba con el hermano de Ale, su situación económica, todo, quería explicarnos todo, se quería justificar, la tratamos con respeto y entre Viti y yo le intentamos explicar que no hacia falta, que no estaba en falta, que nosotros no juzgábamos nada, pero ella no quería explicarnos a nosotros, se quería explicar a sí misma, se quería justificar con ella misma, ella no era mala madre, ella no era mala mujer, ella estaba desbordada, ella se había encontrado con algo diferente, ella se había encontrado con un mundo que no era el que había imaginado. Le dijimos que nos cebara unos mates, el hecho de hacer algo seguro la haría sentir mejor. Alejandro no paraba de dar vueltas, le dijimos que nos mostrara el patio.
      En el patio de Ale había un tesoro maravilloso. Ale nos mostro el Pomelo, un árbol gigante y frondoso, lleno de fruta. Viti y yo pedimos permiso y empezamos a comer pomelo, es mi fruta preferida, así que casi me violento cuando Ale me dijo que da tanto que los regalan, a veces los tiran, come pomelos Ale, le digo, come pomelos que te curan de lo que sea. La madre trajo el mate, tomamos mate y comimos pomelos.

Tetas Grandes.

Que putada hermano. Que capacidad infinita de dar vueltas sobre el mismo lugar, que capacidad infinita de no llegar a ningún lado. Pero si empezamos en la nada y a la nada vamos, porque este afán tan tremendo de encontrar sentido, de encontrar algo, de un propósito. Aburre. La clave está, por supuesto, en aburrir con estilo, en hacer que la espera que genera el aburrimiento, sea algo más placentera. Y no siempre fue así, no siempre nos aburríamos, antes teníamos stress real, peleábamos con los pumas, le temíamos a la naturaleza, nos preocupaba nuestra alimentación, ahora nos aburrimos con estilo. Esto desde el balcón, tomando mate, viendo la montaña, mientras caen unas gotas de agua. Tendría que haber muerto como un anciano de 29 atacado por un oso. Ahora no me queda más que curarme de enfermedades, seguir consumiendo e intentar el odioso ejercicio de escribir algo que valga la pena, tal vez la propagación de la raza, crear otro ser humano incompleto, disfrazarlo todo con la mutilante promesa de la felicidad, un asco, y lo peor de todo, por supuesto, es que me gusta.

Vender libros en la calle.

Hace mucho calor, unos treinta y siete grados, estoy bajo un árbol, una tipa gigantesca, medio seca, pero da sombra, está enferma, tira una especie de gomita, como unas gotas que caen secas, se posan en los libros y se derriten, quedan como pegoteados los libros, si no los limpias bien cuando los guardas se pegan las cubiertas y cuando los separas se sale la pintura, quedan como enfermos de lechina, de sarampión. Ya armé la mesa, sigo con la liquidación, tenia la casa llena de libros baratos, bruguera libro amigo, ediciones selectas, unas doscientas novelas de bolsillo, todo chico, decidí liquidarlo todo, saqué los libros caros, todo el mesón queda de oferta. Silla plástica blanca, el gabinete de un aficionado de Perec, una botella de agua, una botella que me encontré porque se me olvido la mía, la limpié un poco y la llené en una canilla, en la guerra cualquier hueco es trinchera. Hace mucho calor. Me paro para sacar el sombrero de la mochila, me pongo los lentes. Tengo cinco pesos, espero vender algo, cualquiera de la mesa sale diez, no me podría comprar uno de mis libros de liquidación. Una señora se para a ver las selecciones, unos cincuenta, pequeña, vestido de flores, gorda, tres por diez las selecciones, vamos, se lleva seis. Se para una chica, unos trece, musculosa negra y jeans, morocha, se lleva dos novelas. Ya van cuarenta, hoy con cien me conformo, aunque ya estoy sobrado.

Fragmento de "Cobarde".

Este es un fragmento de una novela que se llama "Cobarde". Se llama o se llamaba, no sé, la dejé inconclusa. La dejé sin terminar ...