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Mostrando entradas de enero, 2013

Pomelo.

Agarro mi celular y veo que tengo una llamada perdida de Viti. Raro, entre nosotros no hay emergencias y habíamos hablado la noche anterior. Lo llamo y, preocupado, me dice que Alejandro fue a visitarlo al local, que tenia muy mala cara, que se veía eufórico y deprimido, que le había pedido la bicicleta para ir a buscar la trompeta y el se la había prestado, que no sabia que hacer. Alejandro estuvo haciendo tonterías incomprendidas la ultima semana, así que entiendo la preocupación de Viti. Yo no me preocupo, sé que la gente cae en agujeros negros y sé que se sale, si sigue vivo va a seguir vivo. Le digo que estaba por comer, que cuando Alejandro vuelva le diga que me espere, que en más o menos una hora y media voy para allá. Termino rápido la comida, pero como, me preocupo, pero como, sería incapaz de ayudar a alguien con el estomago vacio, me aseguro de terminar dos copas de vino, ya que seria incapaz de ayudar a alguien sobrio. Me voy en la bici, llego en diez minutos. Alejand…

Tetas Grandes.

Que putada hermano. Que capacidad infinita de dar vueltas sobre el mismo lugar, que capacidad infinita de no llegar a ningún lado. Pero si empezamos en la nada y a la nada vamos, porque este afán tan tremendo de encontrar sentido, de encontrar algo, de un propósito. Aburre. La clave está, por supuesto, en aburrir con estilo, en hacer que la espera que genera el aburrimiento, sea algo más placentera. Y no siempre fue así, no siempre nos aburríamos, antes teníamos stress real, peleábamos con los pumas, le temíamos a la naturaleza, nos preocupaba nuestra alimentación, ahora nos aburrimos con estilo. Esto desde el balcón, tomando mate, viendo la montaña, mientras caen unas gotas de agua. Tendría que haber muerto como un anciano de 29 atacado por un oso. Ahora no me queda más que curarme de enfermedades, seguir consumiendo e intentar el odioso ejercicio de escribir algo que valga la pena, tal vez la propagación de la raza, crear otro ser humano incompleto, disfrazarlo todo con la mutilante…

Vender libros en la calle.

Hace mucho calor, unos treinta y siete grados, estoy bajo un árbol, una tipa gigantesca, medio seca, pero da sombra, está enferma, tira una especie de gomita, como unas gotas que caen secas, se posan en los libros y se derriten, quedan como pegoteados los libros, si no los limpias bien cuando los guardas se pegan las cubiertas y cuando los separas se sale la pintura, quedan como enfermos de lechina, de sarampión. Ya armé la mesa, sigo con la liquidación, tenia la casa llena de libros baratos, bruguera libro amigo, ediciones selectas, unas doscientas novelas de bolsillo, todo chico, decidí liquidarlo todo, saqué los libros caros, todo el mesón queda de oferta. Silla plástica blanca, el gabinete de un aficionado de Perec, una botella de agua, una botella que me encontré porque se me olvido la mía, la limpié un poco y la llené en una canilla, en la guerra cualquier hueco es trinchera. Hace mucho calor. Me paro para sacar el sombrero de la mochila, me pongo los lentes. Tengo cinco pesos…