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C.E.O. Primer Capitulo. (Re-edición del libro Filosofía Momento) Todos los dias una entrega.

            La oscuridad separa, la claridad une, pero no de otros, si no de uno mismo, porque estamos divididos, en lo que somos lo que queremos y lo que podemos ser. Por eso hacemos las cosas malas entre sombras, para no vernos, para no encontrarnos, para que nuestras partes no se enfrenten. Hoy a los demás los vemos igual de noche que de día, con cualquiera te encuentras a cualquier hora, con cualquiera te comunicas en cualquier momento, solo nuestro interior tienen día y noche, solo con nuestra luz interna luchamos, y como viene de adentro con facilidad la ignoramos.
En un camino oscuro del centro de la ciudad se encuentra Caín.
Esta parado frente a una puerta de madera alta y delgada, muy antigua, sostenida por unas paredes viejas y con filtraciones. Viste una camisa de rayas verticales blanca y azul con unos pantalones marrón claro, todo esta muy viejo y el esta muy sucio. Sus medias tienen huecos, pero no se ven ya que no coinciden con los de los zapatos, "Defecto que no se ve no existe" le dirá Sebastián mas adelante, aconsejándole que los haga visibles. En el callejón no hay más iluminación que un bombillo, sin lámpara, a un metro sobre la puerta, a veces los autos que pasan por las avenidas cercanas, mas no por ahí, lo iluminan por unos segundos y dejan ver a las prostitutas al principio de este. Se escucha el murmullo de la ciudad dormida, sirenas distantes, aires prendidos, multitudes llorando, una que otra risa.
            Mira por unos minutos a su alrededor y después de un largo suspiro da tres golpes, leves y seguidos, en la puerta, y espera.
            Pasan dos chicos en bicicleta, riendo.
            Espera.
            La puerta se abre y aparece un hombre pequeño y gordo, también calvo. Lleva puestos una camisa roja de mangas cortas, un pantalón gris y un blazer negro. El hombre habla primero:
     -   Si?
     -   Vengo a rezarle a San Sebastián.
     -   …. esto no es una iglesia.
     -   Si lo s-e… pero los chicos en la calle me dijeron que…
     -  Si si, eso es un juego para atrapar a las pendejos, aquí las cosas son serias muy serias. Entiendes?
     -  Si, es usted con quien debo hablar.
     -  No, pasa. Vamos a ver si te sacamos la idiotez.
Entran y la luz es tan escasa que casi no se puede ver, el hombre cierra la puerta asegurándose de pasar varios cerrojos, se distingue una puerta entreabierta y más luz en el otro cuarto. Quédate acá, dice el hombre y pasa a la otra habitación, se escucha el murmullo de una mujer y seguido la riza de tres.
La mujer es una secretaria encargada de archivar vidas y asignar cobradores, una burócrata, una herramienta, mientras sale del cuarto le indica a Caín que entre y este sin más opción que obedecer, obedece.
Ahora habría que imaginarse la oficina de un presidente si tuviera que vivir escondido, la guarida de un traficante de blancas en medio de un convento, mucho en muy poco lugar, información peligrosa y confidencial a corto alcance, tus playboy bajo tu cama, suficiente luz como para no saber si es día o noche, suficiente humedad para desfigurar una fotografía, y como en toda oficina respetable e importante equipo de computación ultimo modelo, eso si, sucio.

-Así que Caín… que nombre más feo. Pero bueno no importa, a lo mejor lo podemos utilizar.
Esa fue la primera frase de Sebastián, una voz dulce y severa que venia de atrás, cuando volteo estaba muy cerca, tal vez peligrosamente cerca. Se podía sentir su perfume caro, gordo pero no tanto, con cabello castaño claro y corto pero un poco largo, ropa cara y oscura, el estaba muy limpio.
-Entiendo que te mando Roberto y que estas acá por tu propia voluntad. Continúo mientras se sentaba en su escritorio,
-Si señor, yo solo quiero…
-Si, alimentar a tu familia. Todos dicen lo mismo. Hasta los niños. Vallamos al grano, qué tan grande es tu familia?
-Perdón?
-Tu familia! quiero saber cuanto quieres ganar.
-Somos cinco.
-Cinco... Cuántos de esos son niños?
-Tres.
- No va ha ser fácil. Tengo las calles llenas. ¿Cuánto te quieres perder?
-Lo que sea necesario. Ya lo hable con mi mujer y decidimos que no iba a ser problema.
-Mujeres, todas carecen de conciencia. Bueno. Me imagino tienes idea de cómo funciona.
-Algo.
-¿Algo? Se puede ser ingenuo para venir a un lugar como este sabiendo solo algo, y además con tres hijos. ¿Quieres ponerlos a trabajar?
-No.
-Bueno. Expliquémoste un poco mas de ese algo que tu sabes. Si yo decido que entres a nuestra familia te daré los recursos para que puedas hacer el dinero que quieras y te daré un buen lugar para poder hacerlo. De nuevo, depende de ti que tanto quieras hacer. Ahora, sabrás que no es fácil suministrar los recursos así que por mi generosidad tendrás que pagar siempre una cantidad al mes hasta pagar la deuda de dichos recursos y después hay que pagar por el lugar. Mira que el espacio no sale gratis.  Te pregunto, hay tres grupos me imagino que no eres tan ignorante como para no saber eso. ¿A cual quieres pertenecer?
-El medio señor.
-Muy bien. Seguro que quieres hacer esto.
-Si.
-Puedes con la responsabilidad, mira que si te equivocas no hay juicio.
-Si.
Sebastián lo mira y mientras lo hace distrae la vista por unos segundos a la puerta donde su secretaria lo ve con una de esas miradas de dale-a-este-una-oportunidad-mira-que-con-tres-hijos-seguro-fue-dificil-venir-aquí. 
-Perfecto. Vete. Bienvenido.
Y le entrega una pequeña nota.
-¿Ya? Pero…
-Vete!
-No tengo plata para el colectivo.
-Pide, empieza a practicar.

Seis de la mañana, pocos bolsillos en las calles, el centro es un mar de oficinas,  a esta hora todas apagadas, ocasionalmente la inutilidad ayuda y no hay nada más inútil que una oficina vacía. Media hora para un peso y solo una mirada. Caín ya va camino al hospital Alemán, ahí le dijo la secretaria que fuera de inmediato y que llevara la nota con el, sentado y casi solo en el autobús no sabe si leerla. Tiene la información de su vida en las manos y no sabe si debe accederla. No es fácil saber, hay que estar preparado. Pero la curiosidad mato al gato, a veces lo mutilo. En la nota esta escrito E56-L, con la firma de Sebastián y el numero 874, eso es todo. Así que la nota cerrada o abierta es lo mismo.
Una vez más se me presenta el futuro y soy incapaz de descifrarlo.
Llegar al hospital Alemán no es fácil, hay que cruzar ciertos suburbios de la ciudad donde no pasa el transporte público y donde si no te ves bien se aseguran que nadie te vea. En la recepción te mandan a otro hospital si no tienes la documentación adecuada, el buen trato y el buen material no salen baratos, así que una buena chequera también esta en regla, claro esta que una nota de Sebastián es crédito al instante, eso si del material no del trato.
            De pronto en un cuarto blanco y pequeño, al que no se llega con el ascensor, hay que bajar un par de pisos por las escaleras y pasar un par de guardias de seguridad, que gracias al mal pago que reciben de la empresa (la cual se encarga también de “vigilar” ciertos reclusorios mentales) hacen su trabajo con poco esmero y sin atención. Hay otros cuartos en el piso, pero a nadie le importan. Caín espera sentado en la camilla, desnudo con una bata que parece de papel, papel celeste. Mira todo y no entiende como no hay sabanas en la camilla y aparatos raros o luces extrañas. No hay aire acondicionado, solo una ventilador de techo que también sostiene la luz y hace que la parte superior del cuarto se vea intermitente. Esta solo por media hora hasta que entra un doctor con la famosa nota en la mano. Sin verlo le pregunta.
-   No hay especificaciones ¿Qué deseas?
-   No se, que se acostumbra.
-    Un brazo, es lo más cómodo.
-    Bueno. El izquierdo.
-    Tomate esto, vuelvo en unos minutos.
Le entrega dos pastillas, normales e inofensivas a la vista como todas las pastillas, se las toma y se acuesta. La pastilla lo duerme y en su mente se revela su historia, pero como contar un sueno, como se retrata la energía, quien sabe como se ven tus fantasías, dejemos que el nos cuente:
“Llego una tarde a mi caza, cansado de buscar trabajo, mis tres hijos juegan en la sala viendo una televisión que pronto venderé, miro por una ventana y mis padres siembran en el campo donde crecí. El caballo que nunca tuve pasa corriendo y se aleja. Mi mujer esta sentada en la cocina revisando cuentas pendientes y su mirada me indica que para el cumpleaños de Mariano, mi hijo menor, en una semana no van a haber regalos, me gustaría llevarlo al rió, enseñarle a sembrar fresas, a matar conejos, pero vendí mi chacra para comprar este departamento en la ciudad, para ir al cine, para ir al teatro que nunca entendí, a la universidad que mucho sufrí. No aguanto el dolor! La responsabilidad! la frustración se apodera de mi ser de mi anatomía, mis manos tiemblan y mi corazón se acelera, corro y salto por la ventana… pero un quinto piso parece no ser suficiente. Caigo.
Caigo y Caigo, caigo, caigo, caigo. Caigo y me pierdo. Caigo sin llegar al fondo. De repente entiendo que caí dentro de mi, que no tengo final que soy un abismo. Mi interior es detestable, un montón de inútiles memorias, de dudosos sentimientos. No tengo un piso donde caerme muerto, estrellarme con suerte desfigurarme, ni siquiera las alas de mi espíritu son lo suficientemente fuertes para controlarme y evitar la caída. Noto a mi alrededor, con dificultad ya que el viento en cara es muy fuerte, partes de mis hijos, los brazos y piernas de mis seres, la sangre me salpica la cara, sus cabezas caen mas rápido que mi cuerpo. Despierto."
Despierto en mi cama junto a mi esposa, pero no es ella, esta muy flaca,  pero no es ella, esta muy flaca, casi en el hueso, empiezo a sudar y me limpio con las manos, cuando las veo están llenas de sangre, de nuevo el pánico, vuelve la angustia, el miedo, me paro y salgo corriendo de la casa esta vez por la puerta. Estoy en el campo. Estoy tranquilo. Siento un río cercano de agua cristalina que atraviesa mi pecho, veo a mis hijos jugar en el pasto y perseguir a un perro, veo a mi esposa, saludable y vigorosa, recolectando fresas. Despierto." 
Caín despierta en la calle, en algún lugar del centro, alguien le hizo el favor de sacarlo del edificio por la puerta de atrás y llevarlo a su lugar de trabajo. Está sentado y pequeños espejos reflejan el sol en el suelo. Monedas. Siente un dolor en su hombro y por primera vez su sortija de matrimonio en la mano derecha. Su brazo izquierdo ha desaparecido.


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