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J.C. y el Yo II

J.C. y el Yo

     La religión se basa en una triada, el padre el hijo y el espíritu santo. El tiempo doble en la persona que está, en la descendencia y la continuación de la regla establecida y en un misterio que es la existencia misma.   La religión es el sistema perfecto en miniatura, jerárquico, político, con el poder centralizado, estéticamente atrayente, y generador de su propia teoría.
     Todos los pequeños cosmos que rodean la academia siguen el mismo patrón. El arte, las ciencias, el deporte. Con las mismas reglas se crean nichos, que se multiplican dentro de si mismos en el infinito y corren paralelos, de vez en cuando surge una herramienta que crea un salto dentro de los mismos, modificando la manera en que se trabaja dentro de ellos (la tv, el internet) pero manteniendo las reglas específicas de los mismos, principalmente dos: el sistema se tiene que auto-sustentar (Generar dinero por si mismo), y para entrar en el mismo necesitas la aprobación de alguien ya adentro. Puedes escribir un libro sobre futbol, puedes publicar un libro sobre tu experiencia en el futbol, pero los dos mundos nunca se van a unir, el producto tiene que pertenecer a un mundo o a otro.
     Este ordenamiento hace que los productores, o hacedores, parezcan olvidarse por completo de su situación dentro del sistema, por algún motivo una vez que entran en la rueda parecen olvidarse de su condición y pasan rápidamente a ocupar el puesto que le es asignado. El hacedor pierde su noción de yo y lo reemplaza por el yo que le han otorgado. De ahí que se ofenda por su producto, de ahí, que se crea especial, de ahí que todo cambio que intente realizar dentro de su sistema es inútil. Los sistemas funcionan como ciclos, los ciclos solo se rompen si una de las partes deja de funcionar por completo, el hacedor que quiera provocar un cambio real en su ciclo tiene que destruirlo, y para a hacerlo tiene que destruir eso que lo hace tal, tiene que dejar de ser, y como ha reemplazado su yo por el yo que el sistema le entregó, se tiene que destruir a si mismo.
     Cuando el arte incurre en el yo, se cuestiona el papel del hacedor, no solo en su ubicación con respecto a su producto, sino al producto con respecto a su sistema y a los sistemas que lo rodean y tocan o hasta comparten las mismas formulas, los mismos lenguajes. Para entenderlo con un ejemplo, si yo invento un motor que funciona con aire, no solo voy a influenciar a la industria automotriz, voy a influenciar a toda industria que use un motor. Cuando el artista, utilizando un lenguaje particular, digamos un escritor las palabras, intenta cuestionar su lugar en su sistema, su trabajo se va a extender a todas las áreas que utilicen palabras, ya que si los sistemas se prestan herramientas, también son dañados por las mismas armas.
     Entonces tenemos, un control del presente del pasado y del futuro, por medio de la herencia, principalmente cultural, y un elemento místico poderoso generador (Dios, la musa, el publico), que al final tiene la última palabra, pero que como no puede ser cuestionado es menester de las autoridades (que tienen el control y por lo tanto la razón ya que el conocimiento es autogenerado) decir que puede estar dentro del sistema y que es aceptable. Este microcosmos se repite en cualquier organización, diarios, colegios (prácticamente toda institución educativa) empresas, etc.
     Cuando el arte juega con el yo, pone todo este sistema en cuestionamiento. Ya que plantea que arte es lo que se está haciendo, y no el resultado. Hoy en día conseguir un resultado, en cualquier ámbito, es muy fácil, la cantidad de profesionales, a precios relativamente bajos que pueden hacer cualquier cosa, es apabullante, no hay campo fuera del alcance del hombre común, llevar a cabo una idea es extremadamente sencillo, y no requiere de gran capital, al menos claro que tu idea sea extraer petróleo del polo. Que dice la incursión del yo, yo como artista estoy haciendo este producto, y eso es lo importante, es tan importante, que de eso va a tratar mi producto, y al hacerlo cuestiona toda la cadena. Cual es el conocimiento entonces que guardan las autoridades? Por qué me importa el tiempo si lo importante es lo que estoy haciendo? de que me vale la evaluación? La evaluación tendría que valer para hacer mejor, para afinar el producto, para ayudar al artista, no para colocarlo en un lugar, una ves que una evaluación o una crítica te coloca en un lugar, la esencia misma del producto queda comprometida, si arte es lo que estoy haciendo,  algo suspendido en el tiempo y puesto en un lugar, es algo muerto, ha perdido su esencia, ya no es porque no está haciendo. Y esa es la fuerza y la grandeza de las grandes obras artísticas, que siguen haciendo y generando, más allá del artista mismo, y más allá de los obstáculos que se le pongan en el camino. 

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