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Suavecito.


     Me gano la vida vendiendo cremas. Realmente vendiendo una crema. Sólo trabajo con crema ITEA, la compro porque la fabrican en el interior y no distribuyen para la capital, me costó mucho trabajo encontrar un producto que fuera bastante único. La crema es muy buena, la uso bastante, casi todos los días, esto es lo único que digo que no es mentira, pero por muy buena que sea no es milagrosa, y me la sacan de las manos como si fuera a salvarlos de la muerte. La vendo bastante más cara del precio sugerido. Trabajo en gimnasios. Voy de gimnasio en gimnasio, utilizando a veces las instalaciones, tengo que mantener una buena forma, pero no muy buena, solo lo justo para que parezca que hago algo de ejercicio, no puedo parecer un modelo, al contrario, tengo que estar en buena forma dentro de una normalidad, después vendo en los vestidores y en la entrada, dónde sea, a veces voy y me siento a tomar algo en el bar y digo que ya terminé de entrenar mientras vendo, tiene que parecer que voy al gimnasio, no que estoy ahí vendiendo. Voy a unos cuarenta gimnasios diferentes, algunas veces dos por día, a veces tres, una dos veces por mes, lo varío, no dejo que se vuelva rutina para que no sospechen, ya que la primera mentira que digo en los gimnasios, es que soy músico y vendo las cremas sólo para ganar un poco extra, para generar un poco de confianza, ni a las personas que trabajan ahí les digo la verdad, al contrario, son a las que más tengo que convencer de mi vida de bohemio. Nunca en mi vida he tocado un instrumento, o cantado, o pertenecido a una banda o conocido a un músico, una vez a un guitarrista en una fiesta, nada más, pero nadie me va a pedir que me ponga a tocar algo mientras estoy trotando, así que es la profesión perfecta. La segunda mentira, y esta es la que me hace vender todas las cremas que llevo, cada vez que voy, a cualquiera de los gimnasios, es que tengo 45 años, cuando realmente tengo 32.  

Comentarios

Pardo Paula C. ha dicho que…
Jajajaja! La MEJOR MENTIRA !

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