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Mostrando entradas de enero, 2016

Una de verdad.

Vivía solo en un edificio de cuatro pisos y cuarenta departamentos, en medio de un basural y al lado de una de las villas más calientes de la ciudad. Solo. No vivía nadie más en el edificio. El edificio no tenía puerta, y la puerta de mi departamento no tenía rejas, tampoco tenía rejas en las ventanas que daban a los pasillos, una situación de vulnerabilidad extrema. Una noche, volviendo de la feria, tenía que cerrar temprano el puesto de libros porque si volvía tarde por la noche seguro que me asaltaban, había un auto estacionado afuera del edificio, entro, todas las luces del edificio encendidas, me pareció muy raro, subo a mi departamento, yo estaba en el cuarto piso, y cuando entro siento pisadas en el techo, subo, cuatro policías de investigación me rodearon y me empezaron a empujar con las pajeras, había doce en el techo, no me golpeaban pero si eran muy firmes, quien sos vos pibe? qué hacés acá? yo vivo acá les digo, todos se quedaron en silencio, al rato uno me pregunta, vos v…

Luis Masliah.

Aunque era un hombre de tierra, Luis Masliah daba la sensación de ser un pez de mar, funcional y aerodinámico. Luis se dedicó a la investigación privada para no lidiar con los otros. Había sido un gran policía, y podría haber llegado a ser un gran detective de homicidios, su carácter observador y estudioso lo hubieran llevado a resolver muchos casos, pero lidiar con los otros lo alejó de la fuerza. Luis se sentaba horas en su auto a escuchar música, solo escuchando electrónico, Aphex Twin, Chemical Brothers, Gabin, Kruder & Dorfmeister, mientras fumaba marihuana. Así se resolvían los casos, todos los casos, escogiendo con criterio y esperando. Últimamente venía teniendo suerte, con un caso al mes vivía bien, y en los últimos seis meses había hecho tres por mes, casi todos de sospecha de engaño, todas confirmadas por supuesto, eran muy pocas las veces con las que se encontraba con una falsa sospecha, de esto no sacaba ninguna conclusión. Luis era flaco, su dieta era variada …

Horroricienta.

Érase una vez, en un castillo a las afueras de Grotesburgo, vivía una princesa, paralítica, bruta y fea. Sus sirvientes la odiaban porque dejaba baba por todo el castillo. Se llamaba Horroricienta. Horroricienta vivió sola en el castillo hasta que se murió de tristeza. El mismo día de su muerte los sirvientes hicieron una fiesta, y al final se robaron todo, hasta la silla de ruedas. Todos abandonaron el castillo y la propiedad quedó sola y se hizo ruinas. Un día un Príncipe iba de paso en su caballo y se sintió interesado por el castillo, averiguó con las autoridades de Grotesburgo los pormenores de la propiedad, la adquirió al instante y mientras inventariaban las antigüedades sin valor que se encontraban en este, encontró en el sótano un retrato de Horroricienta en la silla de ruedas. Se enamoró al instante, de la silla de ruedas. En ese momento comenzó una búsqueda incansable por este objeto que se había quedado con su corazón. Diez caza recompensas entrenados buscaron por la coma…

El Árbol.

Veía el árbol y se preguntaba: ¿Qué ven los otros? Esta vez no es una subjetividad estética o un capricho cultural, como dice Martita, ese árbol, está mal podado. El sol del verano parecía marcar con énfasis las ramas desordenadas. No es solo un tema de que sea bonito o no, ese árbol necesita crecer para arriba, desde hace mucho que lo vienen cortando mal.
     Él sabía que podía discutir con la dueña y ganar la discusión, porque desde un punto de vista lógico sus argumentos eran irrefutables, pero eso no importaba. Ese árbol es de ella, que eso quedara así fue su deseo y lo expresó muy claramente y frente a mí, él nada podía hacer al respecto, tener razón a veces no sirve para nada, la razón no otorga poder, la propiedad lo hace.      Tenía ya rato mirándolo mientras hacía otras cosas, y se volvía a preguntar: ¿Qué ven los otros? A lo mejor ella no ve lo que yo veo, y sí, es eso, si ella viera lo que yo veo no pensaría así, lo vería bien y lo vería mal y entendería. Entonces el…