Mi hamaca espacial.

Descubrí que mi hamaca tiene una función que me permite viajar al espacio. No es joda, la descubrí en el momento justo, estaba a punto de sentir una pesadez inconmensurable, algo muy parecido a la tristeza, cuando todo lo contrario comenzó a ocurrir. La hamaca de apoco se fue alivianando y los bordes de la misma me encerraron tal oruga en formación de crisálida. Sentí como se salía de los ganchos, y de apoco seguía elevándose. Lejos de sentir pánico, me cubrió la emoción que antecede el viaje a un lugar conocido, seguro y agradable. Escuché afuera las copas de los árboles, estaba ya a una altura considerable, cuando de repente dio un jalón magistral y me sentí viajando a mucha velocidad, lo sentía en el estómago, en las extremidades, en la cabeza solo por un segundo ya que nunca me faltó el oxigeno, y de repente percibí el cambio de luz, afuera oscurecía. Ya jugado me atreví a abrir mi coraza de tela y vi, sorprendido, las estrellas, al notar que podía respirar asomé la cabeza y vi a un costado, podía ver nubes desde arriba y abajo el mar, volví a encerrarme con un poco de pánico. Continuaba el ascenso. De apoco noté una reducción en la velocidad, ignoro cuanto tiempo había pasado ya que la novedad no permite la medición correcta del tiempo. De pronto, flotaba dentro de la hamaca, ella mantenía cierta forma de banana, pero mi cuerpo no ejercía presión en ella en ningún lado. Abrí mi nave y observé, la tierra, el espacio, el sol, y sentí el ruido, la canción, el sonido del espacio, sentí una paz absoluta. Podría decir que ese momento duró años, pero de nuevo lo ignoro. Cuando tuve suficiente supe lo que tenía que hacer, simplemente me encerré y dije con mi corazón "he tenido suficiente", entonces, el viaje se reprodujo a la inversa, el vértigo, la desaceleración el cambio de luz, la copa de los árboles y el leve descenso a su posición original. Aprendí a activarla y desactivarla a gusto. Que delicia ir al espacio en mi hamaca intergaláctica.

Amar a una mujer.

Publicado originalmente 9 / 2/ 2015.

Mira, yo te digo cómo es para mí, pero no quiero huevadas, y no quiero que me juzgues. Primero que todo amor no como una figura platónica, indefinible y abstracta. Amor como un paso más de querer, cómo una mezcla entre deseo y enfermedad, justo en el medio, y sin futuro. Amor como la capacidad de un ser humano de olvidarse que está presente y enfocarse en el otro. Amar así a una mujer desnuda, mejor aún, amar así a una mujer con ropa y desvestirla, y estando amándola tanto, que ella siente que ya no hay otro, que está ella y nadie más, entonces se deja, porque los otros en tu cuerpo son una molestia, pero otro que no es otro sino el espejo de tu deseo es otra cosa, así que se deja, se deja que le agarres las nalgas por sobre el pantalón, que le aprietes los senos, que la muerdas dónde hay piel, no es una cuestión de fuerza, es una cuestión de firmeza. Muestra que puedes con ella, no que la puedes dominar, sino que la puedes contener, si haces eso se deja que le saques todo, pero la dejas en ropa interior, te deja que las manos fuertes de hombre aprieten brazos y piernas y tetas, que la huelas, que la chupes, se deja tumbar en la cama. Una mujer desnuda en la cama. Al principio no hay que tocarla, la ves, le das la vuelta, te masajeas el falo de pura desesperación, ella expectante, piernas cruzadas, senos aplastados, se ríe de puro nerviosismo, entonces atacas. Ataque. Tu misión es derribar todos los muros, desfortificar, una vez caídas todas las defensas, apretar todos los botones. La intensidad está ligada a la humedad. El primer objetivo es obtener más lubricación, la saliva es para vagos. Le chupas todo, brazos, piernas, nalgas, vagina, tetas, cuello, axilas, y mientras tanto la agarras y la aprietas, siempre escuchando, siente su cuerpo, la mujer no habla pero dice mucho. Escucha. Cuando lo sientas, la penetras, cómo sea, cómo esté. Prueba una o dos cosas, muévela un poco, cada falo es diferente, cada vagina, cada ano, cada boca, no te dejes llevar por fijaciones o recuerdos, cada vez es nueva y hay que estar atentos, por compatibilidad, formas, gustos, es fácil si te acuerdas que frente a ti hay otro, que no es como tu, pero que quiere lo mismo que tu quieres, que es sentir placer. Y acá, si has hecho las cosas bien, ella va a tomar el control. Te acuestas, y te entregas. Sé su cosa por un rato, y déjala que te use a su antojo, los hombres somos de hablar, acá te callas, y la agarras donde te diga, y levantas la pelvis cuando ella te diga, y la mantienes dura, bien dura, y que ella haga lo que tiene que hacer, y lo disfrutas, y aprendes, acá amas con la intensidad que representa dar placer, y te aguantas, porque si lo hiciste bien, vas a querer acabar, y todavía no es momento. Cuando acabe una o dos veces, si puede o quiere, si no acaba no pasa nada, ya habrá tiempo para eso, y si lo hiciste bien, pruebas algo que te guste, no preguntes, métela, muévela, ahora si, te has ganado ser un animal, volver a la cueva de la que alguna vez saliste, igual venís disfrutando, a ver, estas cogiendo, no hay nada más rico, pero tienes que ser inteligente, estar atento de lo que pasa y sentir el cuerpo, pide si tienes que pedir, pero no pidas preguntando, pide diciendo. Acabas cuando quieras después de eso, tendrían que acabar juntos y va a parecer un triunfo para ambos, no es nada, pero así se siente.

Fragmento de "Cobarde".

Este es un fragmento de una novela que se llama "Cobarde". Se llama o se llamaba, no sé, la dejé inconclusa. La dejé sin terminar ...