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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento.

1.

El hombre, de vista ya vivido, comenzó la escena con el comentario,"bien ahí, bancando", llevaba bombacha y boina de fieltro, alpargatas y camisa de lana. Su comentario aludiendo al hecho, bastante ridículo para el ojo capitalista, de tener un puesto de libros abierto en una calle en la que circulan tres personas por hora, en un pueblo bastante desierto. Día soleado de otoño en el sur, pero no tanto. Al final de la calle se puede ver el mar. Continuó el hombre, "una vez bajo un ombú el mestizo Silva, hijo de negro y mulata, me contó cómo aprendió a leer y escribir, trabajaba en una estación de ferrocarril por el cerro largo, y le llegaban a la estación de tren, dónde trabajaba, las cajas de Europa, él las descargaba y las acomodaba en el carro, agarraba un palito y copiaba en la tierra los dibujos que estaban en la madera, la primera palabra que aprendió fue Montevideo, el patrón un día lo vio en esa y le dijo, si quiere aprender le enseñamos en la casa grande, y …

El profeta Eugenio Blanco.

En su obra Eugenio Blanco era Autobiográfico y Futurista.      Su metodología de trabajo era siempre la misma: se imaginaba a sí mismo y al mundo dentro de diez o veinte años, y escribía una obra que transcurría durante ese tiempo. Dotado de una gran imaginación, no eran ni pocas ni comunes las situaciones en las que imaginaba a su alter ego venidero. Pero como todo futuro, aunque sea imaginario es una extensión de su base presente, sus proyecciones tampoco se alejaban tanto de alguna de las posibilidades que podrían suceder.      Al leer sus textos no era obvio que fuera él el protagonista, es más, solo un puñado de los pocos conocedores de su obra, y su amada Alejandra Villanueva, primera novia y secreta lectora de la obra de Eugenio, podían hacer esta relación de manera directa.      Con ventas modestas pero firmes Eugenio se podía mantener en el mercado, y vivir modestamente de la literatura, sumando trabajos esporádicos como albañil en casas de conocidos. Eugenio era há…

La educación del pequeño hombre.

Publicada originalmente junio 23, 2015. 
     El pequeño hombre encontraba que estar en su cabeza acompañado de un libro, era el mejor estado posible. Por algunos periodos era la música la compañera designada, pero el destino parecía conspirar en contra de esto, uno tras otro le robaban el dispositivo de turno, le robaron el walkman, el discman y el ipod, nunca le robaron un libro. Cualquier excusa era valida para realizar este estado de encuentro consigo mismo, porque lejos de hallarse alejado de la realidad, se encontraba mejor acompañado en esta.
     Desde afuera podría parecer que el pequeño hombre no tenía nada para hacer, que perdía su tiempo en una espera sin sentido, en viajes ridículamente largos, quién toma dos autobuses cuando puede tomar uno. Esperaba a sus amigos mientras hacían sus trámites, esperaba a su novia mientras estaba en clase, esperaba a su madre mientras estaba en el médico. Una espera afuera era una vacación adentro. Su cabeza y las lecturas.
     Así el pe…

Mi hamaca espacial.

Descubrí que mi hamaca tiene una función que me permite viajar al espacio. No es joda, la descubrí en el momento justo, estaba a punto de sentir una pesadez inconmensurable, algo muy parecido a la tristeza, cuando todo lo contrario comenzó a ocurrir. La hamaca de apoco se fue alivianando y los bordes de la misma me encerraron tal oruga en formación de crisálida. Sentí como se salía de los ganchos, y de apoco seguía elevándose. Lejos de sentir pánico, me cubrió la emoción que antecede el viaje a un lugar conocido, seguro y agradable. Escuché afuera las copas de los árboles, estaba ya a una altura considerable, cuando de repente dio un jalón magistral y me sentí viajando a mucha velocidad, lo sentía en el estómago, en las extremidades, en la cabeza solo por un segundo ya que nunca me faltó el oxigeno, y de repente percibí el cambio de luz, afuera oscurecía. Ya jugado me atreví a abrir mi coraza de tela y vi, sorprendido, las estrellas, al notar que podía respirar asomé la cabeza y vi a …

Amar a una mujer.

Publicado originalmente 9 / 2/ 2015.

Mira, yo te digo cómo es para mí, pero no quiero huevadas, y no quiero que me juzgues. Primero que todo amor no como una figura platónica, indefinible y abstracta. Amor como un paso más de querer, cómo una mezcla entre deseo y enfermedad, justo en el medio, y sin futuro. Amor como la capacidad de un ser humano de olvidarse que está presente y enfocarse en el otro. Amar así a una mujer desnuda, mejor aún, amar así a una mujer con ropa y desvestirla, y estando amándola tanto, que ella siente que ya no hay otro, que está ella y nadie más, entonces se deja, porque los otros en tu cuerpo son una molestia, pero otro que no es otro sino el espejo de tu deseo es otra cosa, así que se deja, se deja que le agarres las nalgas por sobre el pantalón, que le aprietes los senos, que la muerdas dónde hay piel, no es una cuestión de fuerza, es una cuestión de firmeza. Muestra que puedes con ella, no que la puedes dominar, sino que la puedes contener, si haces eso …

Su diario.

En su diario el hombre escribió: "Estoy con ella pero pienso en ti, todavía me duele que lo eligieras a él". Entonces decidió que se lo iba a decir, y agarró su teléfono, y le escribió un whatsapp, pero no se lo mandó.

Exageración.

- ¿Tenías que renunciar? - No tenía otra opción. - Pero no dices que ella te engañó, te maltrató, que era una perra, lo dices todo el tiempo, ella era una perra, eso es lo que me dices. - Lo era. - ¿Entonces? - Pero, ¿qué es lo que te pasa? ¿nunca amaste a alguien? nunca amaste tanto que dejaste de sentir que eras algo, que tu cuerpo ya no estaba, que habitabas en el otro. - Aparentemente no, porque no lo entiendo y me parece una exageración. - Bueno si alguna vez te pasa vas a ver que cada vez que veas a esa persona vas a sentir que es tu brazo el que está del otro lado, que es otro cuerpo pero es tu cuerpo, extrañas no a otra persona, extrañas una parte de ti. - Pero era una perra. - Claro, yo también era esa perra, y eso es a lo mejor lo que me molesta, que obligaron a esa parte de mi a ser algo que yo no quería. Es como que te hacen engañarte a ti mismo. - Me parece una exageración, uno siempre es uno, si te entregas así no es otra cosa más que debilidad y me …

Campo.

- Que rico amor, hueles a motosierra. - Y... te pone cachonda porque sabes que coges calentito. - ¿Me vas a dar? - Es lo único que quiero hacer, darte.

El sol.

Ella se sentaba frente a mi, en el mismo escritorio.      Mis escritorios estaban en forma de ele. El cuarto era un cuadrado, cuando entrabas a la izquierda estaba el escritorio pequeño contra la pared en la esquina, el grande paralelo a la pared de la puerta, se me creaba así un pequeño nicho de felicidad, en el que me sentía protegido para adentrarme en las profundidades y la soledad absoluta. La pared frente a la puerta tenía una ventana con vista a la montaña, así que me podía quedar sentado por horas trabajando con una vista espectacular.      Ella se sentaba frente a mi, traía una silla y sin preguntar tiraba sobre la mesa todo tipo de cosas que utilizaba para hacer sus collares; piedras de todo tipo y tamaño, reales, de plástico, tiras de colores, pedazos de telas, dijes de oro y plata, pedacitos de metales, corales, todo tipo de pucas, cierres e hilos, llegaba con un montón de frascos y los volteaba en el escritorio, sin decir palabra, algunas cosas saltaban sobre lo…

Las tres publicaciones de Samuel Schuberstein.

Marte.

Estaba muy tranquilamente vendiendo libros un hermoso día de invierno. Recuerdo que hacía mucho frío y que había mucho sol, y recuerdo que había almorzado un excelente pescado frito con arroz blanco y papas fritas del restaurante de los peruanos.      La feria estaba vibrante y llena, gente comprando, canjeando, vendiendo, ese día me parece que hicimos entre todos casi cien metros de mesones con libros. Un día radiante. Hacia el final de la tarde se me acerca un hombre, unos cuarenta años, vestido casual con ropa de buena calidad, en tonos marrones y verdes, limpio, y tengo está conversación: - Buenas señor, puede levantar lo que quiera. - Gracias. Disculpe, noto que tiene usted un acento que no es de acá, ¿De dónde es usted? - Si, así es, soy de Venezuela. - Ha mire usted que lindo, un viajero.      Su acento era neutro, era como hablar con alguien que está haciendo un gran esfuerzo por hablar correctamente. Está vez habló él primero: - Yo también soy un viajero, estoy …

El eterno retorno.

Para Jib.

     Esta historia es verdadera. Es sobre un hombre que se obsesionó de tal manera con la idea del eterno retorno, que se dedica a leer las mismas páginas una y otra vez creyendo firmemente que con ello saldrá del ciclo. Su lógica le dice que como es un ciclo y por lo tanto una serie de acciones y reacciones que se entrelazan entre ellas hasta llegar al punto de origen, en la repetición del mismo acto encontrará la salida, asegurándose de no llegar al próximo paso, que inevitablemente lo llevaría al principio.
     Todo empezó para él con el concepto de la reencarnación, intentó estudiarla de varias maneras, intentó darle sentido, cultivarla y compartirla, con la idea de perfeccionar su idea de la misma.
     Después se obsesionó con Sísifo, y al unir estos dos paralelos la idea de que no había realmente una salida de la reencarnación, o una linea recta que se manifestaba en varios planos, digamos un aprendizaje con vista a una graduación, un final concreto, sino simplemen…

Saber el final.

- No te preocupes hija, todo va a estar bien. Distráete con algo. ¿Te conté eso que leí de los Kula Lumaya? - ¿La civilización esa medio rara? No, no me contaste, igual mamá ya te he dicho que no puedes creer todo lo que lees en internet. - Bueno pero no importa eso. Mira, dicen que los Kula Lumaya tenían un principio fundamental para todo, y es que, y me lo acuerdo clarito, toda proyección debe comenzar con la muerte. - No entiendo, una proyección debe ser a futuro, cómo se puede comenzar con algo que no continúa. Y también es medio lúgubre pensar en la muerte. - Lúgubre nada, la muerte es normal, y es más luz que otra cosa. - Ay mamá.  - Ay mamá nada, mira no es tan complicado, a mí también me costó, pero precisamente es eso, el único final para todo es la muerte ¿no? Así que solo hay dos opciones, pensar que vale la pena hacer algo para que quede después de ella, o por el contrario no te importa. Si haces algo para que quede después, trabajar en eso, y pensar en eso cuando …

Sabiduría.

Publicado originalmente ( Junio 08, 2010)

Dios: Te concedo una de estas dos: ¿Qué prefieres, riquezas o sabiduría?
Hombre: Sabiduría, por supuesto, Dios todo poderoso.
Dios: Concedido. ¿Cómo te sientes?
Hombre: Como un boludo, tendría que haber elegido la guita.

Eco.

La historia se repite por internet con la correspondiente distorsión que genera ese eco subjetivo, que rebota y se repite no con la frialdad matemática de la acústica, sino con la cálida interpretación de lo humano. Nada es claro, ni la fecha, ni el lugar, y como ocurre generalmente con estas historias de la antigua Grecia, la gente se toma licencias. Es más, en algunos lugares, le adjudican la historia a otro período y a otros personajes, en algunos a Groucho Marx, y en otros, a Rumi. Pero la mayoría parece estar de acuerdo en que ocurrió en un jardín y bajo una parra, y que fue así:
     Un estudiante se acerca a Epicuro, que estaba en su jardín y bajo una parra, y le pregunta: "Maestro, por algún lado tiene que comenzar todo, ¿Cuál es el primer paso hacia la iluminación?". A lo que Epicuro le contesta: "Reírse de uno mismo". 

La vida.

Siempre me sorprende ese graffiti, dormido en la piedra, se me olvida que está ahí, y está bien, porque de esa manera me da placer, y para mí llegar hasta ahí es ya un placer, así suma mucho, porque antes no iba, no llegaba, estaba lejos, pero bueno, ahora hago un esfuerzo más grande, y llego, y es hermoso.      Las piedras, las olas, el mar. De un lado el puerto protegido, con aguas calmas y embarcaciones de todo tipo, del otro el mar abierto, fuerte, poderoso, entretenido, si voy por la mañana plateado, si voy por la tarde azul y si voy por la noche negro.      Me gusta llegar hasta el fondo de ese caminito artificial, constantemente me maravillo del hombre y sus ideas y sus máquinas, y lo que construye. Invariablemente hay pescadores, por lo menos uno. Y me voy hasta la esquina y me siento un ratico, a ver como las olas rompen y la espuma salta.      Y de vuelta lo veo, y después se me olvida que está ahí, a lo mejor con esto ya no me olvido. Quién sabe quién y cuando, y qu…

Querida Vecina

(Publicado originalmente, Lunes, 7 de julio de 2014)

Como soy el “escritor” del barrio, un vecino me trajo un documento para su corrección, me dijo que tenía que dar, esa fue su palabra, dar una carta, y que se quería asegurar de que estuviera correcta, yo por supuesto no soy quién para corregir nada a nadie, pero por intriga le dije que sí, que me la dejara y que en un rato se la llevaba a su casa, él obviamente se fue desilusionado ya que esperaba una operación inmediata, pero yo aludí tareas domesticas impostergables y como esto se entiende en las soledades del pueblo, el hombre aceptó, me agradeció y partió para su casa a unos escasos cuatrocientos metros. Sé que el hombre no tiene computadora y como es hombre mayor lejos está de aprender o entrar en el internet, así que me tomo una licencia y publico su carta. Es esto una violación de su intimidad, si, es esto una bajeza de mi parte, si, pero me justifico en el hecho de que me entregó la carta abierta, y en ningún momento especif…

Hojear y Ojear.

(Publicado originalmente 27 de Octubre, 2009.)

Dos bien. Lo mismo pero diferente. Ojear un libro está bien y Hojear un libro está bien. Dos palabras diferentes, el lenguaje, por fin, nos deja un espacio para el no error, para el escribirlo como quieras y que ambas estén bien. No, no son exactamente lo mismo, pero las usamos para lo mismo. Decir, "Voy a dejar de ojear este libro para hojear este otro". Los amantes de las letras, siempre sumergidos en palabras, encontramos, en las dos cosas que nos definen, un recreo, un punto de tranquilidad, esta no la pienses, este es tu pequeño premio, las dos cosas que te definen como lector, te dan este pequeño regalo.
Ojo.
Hoja.